Una segunda oportunidad.
Era una de esas noches en las que el sueño no llegaba a mí, de las de dar vueltas y vueltas en la cama sin conseguir abrazar a Morfeo. Miré el reloj y eran cerca de las doce, me levanté a por algo para beber y me senté en la terraza. Hacía una brisa muy agradable. De repente, mientras contemplaba el horizonte, me pareció ver una luz al fondo, una especie de destello intermitente. Pero lo que más me extrañó es que parecía una de las ventanas de la vieja fábrica de galletas abandonada a las afueras. - No puede ser…- pensé. - Laia…¿Qué haces ahí? - preguntó Alex, que se sorprendió al ver que no estaba en la cama. - No podía dormir y me salí a tomar un poco de aire - dije -.¿Ves esa luz de allí? Alex miró, pero era incapaz de ver nada. Entonces, volví la vista hacia la ventana y efectivamente, la luz había desaparecido. - Será mejor que volvamos a la cama - dijo Alex a la vez que bostezaba. - Sí… Al día siguiente decidí salir a dar un paseo con la excusa de acercarme a la...