Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2019

Lo que pesa en la mirada.

Una sonrisa no es sinónimo de estar bien, reír por un chiste que te acaban de contar no significa que no haya ningún problema y estar bien, en general, no quiere decir nada. Se pueden tener miles de problemas, ya sean personales, de trabajo, de salud...que no todo el mundo  se va a percatar de ello. Noté que ella no estaba bien, que algo la perturbaba por dentro. No me lo dijo directamente, pero su expresión y su forma de estar en ese preciso momento hablaban por sí solas. Y es que cuando conoces muy bien a una persona sabes qué le ocurre con solo mirarle a los ojos; siempre he pensado que la mirada es el reflejo del alma.  Y no me equivocaba. Me dispuse a preguntarle qué le pasaba cuando se derrumbó en mis brazos en un mar de lágrimas; ni siquiera me dio tiempo a formular la pregunta. Es por eso que sé que no solo se trata de preguntar sino de estudiar la mirada de la otra persona, ya que todo lo que pesa en el alma es reflejado en la mirada.  

Querer mejor.

Si algo he aprendido con el tiempo es a construir bien las frases, las expresiones que usamos. No nos damos cuenta de la importancia de esto hasta que empezamos a cometer algún error, fruto de haber usado mal una expresión.  He de decir que ésto no lo he aprendido por experiencia propia; en ningún momento he tenido problema alguno con lo que yo haya expresado, pero sí que lo viví desde cerca. Cuando era una niña, de unos siete u ocho años, tenía que escuchar muchas veces cómo discutían mis padres. Yo nunca estaba presente, me refugiaba en mi cuarto con mis muñecas e intentaba hacer como si no pasara nada, pero a veces las voces traspasaban los muros y era inevitable escucharlo todo. También es cierto que otras muchas veces se querían tanto que no podían pasar un momento separados, y me encantaba verlos así.   - Te quiero- decía mi madre.   - Yo te quiero más - contestaba mi padre.  Pero pasaron los años y cumplí los dieciséis, momento en el que mis...

Labios rojos.

Daniel no era un chico al que le gustase mucho salir de fiesta; era más bien tímido, le costaba mucho abrirse a los demás y había días que prefería estar solo en su cuarto. Sin embargo, aquel sábado noche decidió salir con sus amigos a la feria del pueblo, sin saber que esa noche cambiaría su vida por completo. Silvia, en cambio, era todo lo contrario a Daniel. Cada vez que tenía ocasión salía con sus amigas; para ella el mejor plan era siempre estar fuera y alejada de casa. Le encantaba relacionarse con la gente, reír a carcajadas, colores llamativos; era de pintalabios rojo incluso en días grises. Como de costumbre, es noche salió a la feria del pueblo; el mismo día y el mismo pueblo que Daniel. Había mucho ambiente aquel día; niños correteando como locos y gritando en las atracciones, familias enteras disfrutando de una buena cena, casetas a reventar de jóvenes y música, mucha música. Daniel y sus amigos entraron a una de las casetas más conocidas, La Bailona , y se pid...