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Mostrando entradas de septiembre, 2021

Criaturas.

  Hoy teníamos como objetivo escalar una de las montañas más altas de la provincia. Tenía fama de ser muy complicada y escarpada, pero aun así nos aventuramos.  Cuando llegamos a las faldas de la montaña, quedamos impresionados por la altitud de ésta. Nos preparamos los arneses y comenzamos a escalar poco a poco, uno detrás de otro, por la empinada ladera. Llevábamos buen ritmo, quizá habíamos escalado la mitas de la ladera, cuando de pronto la temperatura comenzó a bajar.    - ¡Eh Carlos! ¡Mira a tu derecha! - dijo uno de mis compañeros.  Miré y las nubes estaban alcanzándonos, tan rápido que en cuestión de minutos nos engulleron y perdimos toda la visibilidad. Ahora no sabíamos dónde poníamos un pie o una mano.    - ¡Aquí hay una cueva! - divisé entre la neblina.   - ¡Paremos! - comentó un compañero. No sabíamos de la existencia de ninguna cueva en esta zona, nos quedamos charlando sobre qué hacer. Nos habíamos perdido.    -Bueno, segu...

Treinta minutos.

Son las nueve de la mañana del 11 de septiembre, hoy vuelvo al trabajo después de las vacaciones. Me preparo el desayuno y me siento frente a la ventana, me gusta desayunar en silencio.  De repente, ese silencio lo tapó el estruendoso sonido de un avión. "Suena muy cerca", pienso. Me asomo a la ventana y no puedo creer lo que veo. Un avión comercial vuela a escasa altitud sobre la ciudad, lo cual me parece extraño. Después, en un abrir y cerrar de ojos, el avión se estrella contra la torre norte. Me quedo perplejo, no sé qué hacer, vivo en el piso 93 de la torre sur. En cuestión de minutos la torre norte está envuelta en una densa nube de humo y las calles son un caos. La gente grita y corre, empiezan a venir bomberos, ambulancias, policías...etc. Se escuchan rumores de que podría ser un atentado terrorista y cunde aun más el pánico. Un grupo de bomberos nos comunica a la torre sur que tenemos treinta minutos para desalojarla. Quizá otro avión se estrelle contra ésta. Todos l...

La desaparición de Zepi.

  Mañana volvíamos al instituto después de las vacaciones de verano. Volvían los nervios de un nuevo comienzo, de ver a los compañeros y conocer otros nuevos. Además, alguien más nos esperaba en clase, ¡nuestra mascota Zepi! Era un hámster muy hábil y cariñoso que estaba con nosotros desde el curso pasado.  Quince de septiembre, me vestí corriendo y salí pitando hacia el instituto. Llegué y comenzaron a llegar mis amigos; tras saludarnos, fuimos de camino al aula, ansiosos de ver a Zepi. Sin embargo, lo que encontramos no fue de nuestro agrado. El aula estaba hecha un desastre: papeles por todas partes, material por los suelos e incluso mesas y sillas volcadas. A simple vista pensamos que podría haber sido el viento, ya que nos encontramos con todas las ventanas abiertas.  Lo peor fue cuando vimos la jaula de Zepi abierta. Había desaparecido o alguien nos la había robado. Fue en ese momento cuando comenzamos su búsqueda. Primero decidimos ordenar y colocar todo en su luga...

Vuelta a casa.

  Hacía dos meses que Kalid estaba separado de su familia. Tras las guerras que se habían sucedido en Irán, los soldados estadounidenses habían creado un lugar para mantener a los niños que estaban solos a salvo del ejército rival. De esta manera, las familias quedaban completamente separadas y además, a pesar de que las guerras habían acabado, ambos ejércitos seguían enfrentados y los padres debían pasar controles para reunirse con sus padres. Kalid pasaba el día junto a otros niños y un par de soldados que les mantenían entretenidos para que por unos instantes olvidasen el horror de ahí fuera. Les enseñaban lecciones y también jugaban; mientras, la zona se mantenía vigilada y protegida por el resto del ejército estadounidense.  Los padres, sin embargo, no tenían la misma "suerte". La mayoría de ellos no conseguían pasar los controles que los soldados iraníes tenían en la frontera, a pesar de vivir allí. Los soldados les pedían documentos que, o no tenían o bien ni siquiera ...