Ángel.
No fue hasta que te perdí que me di cuenta de lo mucho que me importabas. Aunque también es verdad, que en cierto modo, eso nos pasa a todos. Porque solo nos atrevemos a decir lo que sentimos cuando todo está perdido. Cometemos el error de creer que todo es eterno, y estará ahí para siempre y es por eso que cuando lo perdemos duele tanto curarse. Yo te perdí a ti, abuelo. Y no sabes lo mucho que me arrepiento de no haber aprovechado más cada momento contigo. Sé que ya han pasado muchos años desde aquel fatídico día, pero nunca deja de doler. Y es que fue tan repentino, que no se termina de asimilar. No me puedo quejar de infancia a tu lado, ya que casi pasaba más tiempo contigo y la abuela que en casa. Sobretodo en verano. Me molestaba levantarme temprano porque mi madre trabajaba pero se me pasaba al saber que iba allí con vosotros. Esas mañanas en las que iba primero a comprar con la abuela, y al llegar, ya tarde, tú te levantabas (porque en verdad eras un dormilón)...