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Mostrando entradas de junio, 2021

Un sueño.

Desde bien pequeñita, con tan sólo cinco años, ya sabía que el fútbol iba a formar parte de mi vida. Veía a mis primos jugar en el jardín y siempre me unía a ellos, aunque apenas fuera capaz de sostenerme en pie. ​Fui creciendo y ya en el colegio esa sensación se acrecentó. Siempre que tenía la oportunidad jugaba al fútbol con mis compañeros, en el recreo, en educación física y hasta en el parque al terminar los deberes. Las demás niñas de clase e incluso de otros cursos me insultaban y me decían "machorra", "marimacho", "el fútbol es para niños"... Etc. Pero yo no les hacía caso.  ​Cuando cumplí dieciocho años le dije a mis padres que quería dedicarme al fútbol, ser futbolista profesional, y llegar a estar entre los mejores del mundo. Ellos siempre me apoyaron y me dijeron que adelante, no si antes advertirme de que sería un camino duro.  ​Fueron años duros, de entrenamientos, de lesiones, de insultos, de rechazo... Pero estoy orgullosa de mi y de saber q...

La liberación de las almas.

La casa de mis abuelos, situada en medio del campo, es enorme y preciosa, con un jardín muy grande y habitaciones para invitados. Mi abuela me contó que antes tenía otros dueños y ella la compró cuando éstos murieron.  Todos los veranos me gusta ir allí con ella, y pasar unos días. Me cuenta historias de todo tipo mientras yo la miro y escucho embobada. algunas de las historias tienen que ver con los antiguos inquilinos, a los que ella se refiere como "las almas de la casa". Ella asegura que todas las noches escucha voces, o ruidos, e incluso ve objetos moverse; pero mis padres dicen que no haga caso ya que ella está ya muy mayor. Hasta que lo viví por mí misma. Una noche me quedé a dormir en una de las habitaciones y sentí miedo. Sentía que la oscuridad se apoderaba de la habitación y además fui testigo de todo lo que mi abuela me había contado. Escuchaba susurros e incluso algo caerse; al dar la luz una muñeca situada en la cómoda apareció en el suelo, lo cual no tenía sent...

Héroe.

  3 de Abril de 1939: Aún no me creo que haya sobrevivido a esta locura. Cuando llegué a casa y pude abrazar a Anne, mi querida Anne, pensé que era un sueño. Tras cuatro años luchando, día y noche, sin apenas descanso, había vuelto a mi anterior vida; sin embargo, los recuerdos de la guerra siempre vuelven a hacer acto de presencia. Los bombardeos, los aviones, los fusiles, compañeros gritando de dolor...son solo algunos de los recuerdos que se apoderaban de mí noche tras noche, pareciendo un simple zombi de la guerra. En fi, yo solo puedo agradecer el estar hoy escribiendo estas palabras, cosa que no todos podrán hacer, como mi gran amigo Pablo. Pablo se fue siendo un héroe, un hombre que luchó cuerpo a cuerpo contra unos soldados que intentaban atacar a unos pobres niños que por desgracia pasaban por mitad de las calles tiroteadas. Consiguió salvarlos a cambio de su vida, y eso es algo que me llena de orgullo a día de hoy.

Por la libertad.

  Amalia, Leire, Marta y Elena, cuatro mujeres jóvenes y de Bilbao, fueron acusadas hace 2 años de brujería y, por lo tanto, las llevaron presas a la cárcel de Archidona, Málaga. Todas fueron enviadas al módulo tres, reservado para mujeres acusadas de brujería, culpables de no ser cómplices de las normas impuestas por el gobierno. Las celdas debían ser compartidas por dos personas y tuvieron la suerte de ir juntas; Amalia y Elena por un lado y Leire y Marta por el otro. Además, las celdas que les tocaron eran consecutivas, es decir, una pegada a la otra, lo que les ayudó a levar a cabo su plan de huir de la prisión, a pesar de ser uno de los módulos más vigilados.  Cada una se asignó una tarea: Leire se haría con los utensilios para poder abrir el conducto del aire y cortar la verja exterior, Marta distraería a los guardias, Amalia se encargaría de vigilar cualquier movimiento junto con Leire, y Elena haría el trabajo sucio, ya que tenía más fuerza.  Ya por la noche, Elen...