El parque.
Como cada día, al salir del instituto, Diego pasaba horas en el parque de al lado de su casa, justo hasta la hora de comer. Algunas veces coincidía con las mismas personas, e incluso ya se conocían, otros sin embargo parecía como si hubiera pasado un huracán y hubiera barrido todo rastro de personas. Aquel día estaba bastante nublado y el día parecía un poco triste, pero a pesar de ellos le gustaba quedarse contemplando la vida desde su banco. Había poca gente, entre ellos algunas parejas, gente paseando a sus perros y Lucía, una niña de unos 10 años. Era muy alegre y simpática, a la que le había cogido especial cariño ya que siempre le pedía jugar o le contaba aluna historia suya. Estaba justo a su padre y su perrito, y ella iba corriendo persiguiendo a su perro mientras reía. Al cabo de unos minutos, su padre se acercó a ella y le dijo al oído, a lo que ella contestó con un movimiendo afirmativo de cabeza. Poco después, su padre se fue con el perro y Lucía se quedó sola jugando ...