Obsesión y avaricia.
Ocho y media de la tarde, sábado. Ya empezaba a anochecer y se podía ver el sol esconderse bajo las nubes rojizas. Fran acababa de salir de casa y se dirigía a un local donde su amigo Luis lo esperaba. Al llegar al local, vio a Luis en la puerta; un hombre alto, moreno y vestido negro, quizá para destacar su gran rolex de oro. Se saludaron con un choque de manos y entraron dentro. Era un local en el que ya por fuera se notaba cierto secretismo y nadie sabía qué pasaba ahí dentro; se trataba de una casa de apuesta clandestina. Aquel día, al ser sábado, el ambiente estaba algo cargado; gente que debía conocerse entre ellos como para tener acceso al local. Fran estaba muy excitado ya que, a diferencia del resto de días, hoy veía más claro que ganaría mucho más dinero de lo habitual. Luis también era ludópata, pero Fran era un caso más extremo, ya que en ocasiones, al no conseguir lo que quería, la frustración se convertía en una ira incontrolable. Luis lo conocía muy bien y sabía que...