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Hacia el cambio

  Año 1930, tiempos difíciles en los que los más castigados eran los más pobres. Y los ricos eran cada vez más ricos, a costa del trabajo de los demás. El campo siempre se había asociado con personas mayores, pero en un pequeño pueblito extremeño, no muy conocido, se encontraba Pablo, un joven de unos veinte años. No estaba solo, estaba rodeado de muchos más trabajadores, uno de ellos su abuelo.      -Deberías ponerte a estudiar - dijo el abuelo.     - No importa, quiero ayudarte para que no tengas que esforzarte tanto. Solía ir los fines de semana ya que era su vía de escape de la vida urbana, del ruido. Un día no se encontraba con ánimos de ir a clase, y lo primero que pensó fue en ir a huerto con su abuelo. Cogió su bicicleta y salió; no estaba a mucha distancia, por lo que en cuestión de minutos llegó. Llegó a la casa de sus abuelos y se dispuso a salir por la puerta de atrás, que daba al huerto. Sin embargo, escuchaba más ruido de lo habitual y se qued...

Una segunda oportunidad.

  Era una de esas noches en las que el sueño no llegaba a mí, de las de dar vueltas y vueltas en la cama sin conseguir abrazar a Morfeo. Miré el reloj y eran cerca de las doce, me levanté a por algo para beber y me senté en la terraza. Hacía una brisa muy agradable.  De repente, mientras contemplaba el horizonte, me pareció ver una luz al fondo, una especie de destello intermitente. Pero lo que más me extrañó es que parecía una de las ventanas de la vieja fábrica de galletas abandonada a las afueras.  - No puede ser…- pensé. - Laia…¿Qué haces ahí? - preguntó Alex, que se sorprendió al ver que no estaba en la cama. - No podía dormir y me salí a tomar un poco de aire - dije -.¿Ves esa luz de allí? Alex miró, pero era incapaz de ver nada. Entonces, volví la vista hacia la ventana y efectivamente, la luz había desaparecido. - Será mejor que volvamos a la cama - dijo Alex a la vez que bostezaba. - Sí… Al día siguiente decidí salir a dar un paseo con la excusa de acercarme a la...

Dediqué mi libro

Siempre he sido gran fan de Gloria Fuertes y su manera de expresarse. De pequeña, m madre mi regaló para mi sexto cumpleaños un libro ilustrado con algunas de sus historias. Recuerdo el gran cariño que le tenía y lo que me encantaba, me fascinaba tanto que lo leía todos los días. Con los años sigo siendo fan suya y he seguido leyéndola. Ahora tengo una niña pequeña y tengo menos tiempo, pero siempre que puedo, dedico mi tiempo libre a leer algo suyo.  Se acerca el primer cumpleaños de mi hija y justo coincide con una firma de libros de Gloria. He pensado en regalarle un libro a mi niña, con ilustraciones ya que aún no puede leer, pero sí que puede ir reaccionando a los dibujos, y que sería una buena idea llevarlo a la firma de libros y dejarle una dedicatoria. Cuando sea más mayor y ya entienda lo que lee, tendrá esa dedicatoria para siempre. Compré el libro, y me acerqué a la firma de libros. Había muchísima gente, que como yo, leía sus historias desde hace años. Para mi era un mo...

Por mi y por todas nosotras.

  ¡Chicas! ¡Ya vienen, esconderos! - gritó Silvie Los vecinos del pueblo junto a un puñado de policías se acercaban corriendo a casa en busca nuestra, ataviados con palos y porras. Nos acusaban de brujería y nos querían presas y fuera del pueblo. Nos escondimos donde pudimos para evitarlos y esperamos a que entrasen, completamente en silencio. Entraron derribando la puerta y comenzaron a buscarnos por toda la casa. Todo iba bien hasta que Marie estornudó; la encontraron y al sacarla de su escondite comenzaron a darle palos. Silvie y Claire no pudieron aguantarse y salieron en su ayuda, sin éxito. De pronto las tres estaban siendo apaleadas y yo siendo testigo desde mi escondite. - ¡Capitán! Nos falta una, no aparece por ningún sitio. - Nos llevaremos a estas. Ya saldrá en su busca... Vi cómo se las llevaban delante de mi y sin poder hacer nada. Tras unos momentos de vacilación decidí ir detrás de ellos, pasando desapercibida, para así averiguar dónde las llevaban.  Caminamos d...

Tentación

Llegué a la oficina y algunos de mis compañeros ya estaban allí esperando para empezar la reunión. El jefe aún no había llegado, así que nos sacamos unos cafés para la espera mientras hacíamos conjeturas sobre el tema. Al cabo de unos minutos, llegó el jefe. Iba acompañado de una chica muy joven más o menos de mi edad calculé. Era morena y tenía unos ojos verdes que impactaban. Su cara me resultaba algo familiar y arrebatadora...  - Os presento a Berta, mi hija. - dijo Ahora comprendía de donde me venía el parecido, y el por qué de un contrato tan rápido. La había enchufado.  - Ella se encargará de mediar y convencer a los clientes y de las redes sociales.- explicó. Volví a mi puesto de trabajo pero no podía dejar de mirarla. Me parecía irresistible y la tentación de acercarme a ella era cada vez mayor. Aproveché un momento que desapareció de vista para ir detrás. Estaba en la zona de descanso, no me lo pensé y entré. - Hola - dije - soy Carlos, del concesionario. -Hola, encan...

El calcetín poderoso.

Pablo se encontraba inmerso en uno de sus libros favoritos cuando su hermana Clara le interrumpió.   - ¿Otra vez estás con ese libro?- le preguntó. - Tú no lo has leído, no tienes ni idea... - No, pero es un libro fantástico. ¿Cómo va a tener poderes un calcetín?- dijo mientras se reía. - He estado investigando, y no es solo una historia ni una leyenda. -Contestó Pablo a la vez que Clara lo miraba con cara de asombro.- Resulta que está perdido en un bosque y que le otorga el poder dela velocidad a quien se lo pone. - No te creo... -¡Vayamos a buscarlo!- Dijo. - Estás loco... A pesar de la primera impresión,al día siguiente, Clara y Pablo estaban preparando una mochila para salir en busca del legendario calcetín. Unas horas más tarde, llegaron al bosque más cercano de la zona y que parecía el descrito en el libro. - Vale, ¿y ahora qué Pablo? - Según las pistas del libro, debemos seguir este sendero hasta topar con una pequeña apertura, que será la entrada a una cueva. Siguieron...

Finales alternativos.

Adentrarse en lo desconocido, atreverse a dar un paso, comenzar algo con ganas y miedo al mismo tiempo. Así es como Oliver y Sheila empezaron a conocerse. No sabían nada el uno del otro, pero lo poco que hablaban les hacía sentirse muy bien. Tras un corto tiempo decidieron dar el paso de verse por primera vez.  El resultado fue mejor de lo esperado. A Sheila le pareció incluso mejor en persona, más guapo, divertido...y, al parecer, a Oliver también. Pero lo mejor no fue eso, sino la conexión que había entre ellos. Parecía que se conocían de siempre y eso ayudó a disipar los nervios iniciales.  Tanta conexión que de un momento a otro, en el silencio y la oscuridad de la noche, surgió la chispa y acabaron dándose un beso de película. Sin embargo, ambos debían volver a casa, sabiendo que todo llegaba a su fin. Lo bueno es que la historia continuó. Volvieron a verse, seguían hablando y la conexión era cada vez mayor. Nunca dejaron la pasión que sentían el uno por el otro sino que,...