Finales alternativos.
Adentrarse en lo desconocido, atreverse a dar un paso, comenzar algo con ganas y miedo al mismo tiempo. Así es como Oliver y Sheila empezaron a conocerse. No sabían nada el uno del otro, pero lo poco que hablaban les hacía sentirse muy bien. Tras un corto tiempo decidieron dar el paso de verse por primera vez.
El resultado fue mejor de lo esperado. A Sheila le pareció incluso mejor en persona, más guapo, divertido...y, al parecer, a Oliver también. Pero lo mejor no fue eso, sino la conexión que había entre ellos. Parecía que se conocían de siempre y eso ayudó a disipar los nervios iniciales.
Tanta conexión que de un momento a otro, en el silencio y la oscuridad de la noche, surgió la chispa y acabaron dándose un beso de película. Sin embargo, ambos debían volver a casa, sabiendo que todo llegaba a su fin.
Lo bueno es que la historia continuó. Volvieron a verse, seguían hablando y la conexión era cada vez mayor. Nunca dejaron la pasión que sentían el uno por el otro sino que, además, se sumó, poco a poco un cariño más profundo. Se querían y se habían enamorado como locos.
Este sería el final que como escritora le pondría a este romance, pero cuando intentas meterte en la mente de tus lectores, sabes que les gustaría algo más dramático. Tal vez un final en que los dos quedan como simples amantes pero uno de ellos, por ejemplo Oliver, no quiere, ni nunca quiso, saber mucho más de Sheila. Su único interés era pasar un rato de placer. Tras verse ese día, los dos fingieron desinterés y por orgullo no se hablaron pero no dejaron de pensarse. Se gustaban pero Oliver tenía alguna razón oculta que se desvelaría en una segunda parte.
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