Labios rojos.
Daniel no era un chico al que le gustase mucho salir de fiesta; era más bien tímido, le costaba mucho abrirse a los demás y había días que prefería estar solo en su cuarto. Sin embargo, aquel sábado noche decidió salir con sus amigos a la feria del pueblo, sin saber que esa noche cambiaría su vida por completo.
Silvia, en cambio, era todo lo contrario a Daniel. Cada vez que tenía ocasión salía con sus amigas; para ella el mejor plan era siempre estar fuera y alejada de casa. Le encantaba relacionarse con la gente, reír a carcajadas, colores llamativos; era de pintalabios rojo incluso en días grises. Como de costumbre, es noche salió a la feria del pueblo; el mismo día y el mismo pueblo que Daniel.
Había mucho ambiente aquel día; niños correteando como locos y gritando en las atracciones, familias enteras disfrutando de una buena cena, casetas a reventar de jóvenes y música, mucha música.
Daniel y sus amigos entraron a una de las casetas más conocidas, La Bailona, y se pidieron unas bebidas. Se puso a mirar alrededor para ver la gente que había y así, de paso, ver si había algún conocido. Y allí estaba ella, con sus labios rojos, riendo y charlando sin parar.
Silvia se percató de que alguien la miraba y al girarse vio a Daniel, embobado. Sus miradas permanecieron durante unos segundos, hasta que reaccionaron y la apartaron.
- Tía Silvia, ese chico no te quitaba ojo- dijo una de sus amigas.
- Y es bastante mono- insinuó otra.
Silvia no dijo nada, solo se limitó a sonreír.
-¡Eh Dani, que te has quedado embobado! - dijo uno de sus amigos a la vez que le daba una palmadita en la espalda.
- ¡Bah! - contestó Daniel.
Las horas pasaban y Daniel ya quería marcharse (demasiado que había asistido). Silvia y sus amigas, sin embargo, seguía bailando sin parar, como si la noche no tuviera fin. De repente, decidió que era un buen momento para ir al baño.
-¡Ahora vuelvo chicas! - dijo.
En su bolso llevaba una nota, en la que escribió su nombre y su número. Pasó por al lado de Daniel, y aprovechando que sus amigas estaban distraídas, le entregó la nota. sonrió y se marchó.
Daniel no daba crédito a lo que acababa de pasar y se preguntó: ¿qué habría pasado si hubiera decidido quedarme en casa?
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