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El viaje secreto.

Cometer locuras era uno de esos rasgos personales que mejor la describía. Arriesgarse, aunque algunas veces no saliera bien; hacer una locura con la cual nadie estaba de acuerdo. Ella lo hacía, le gustaba llevarle la contraria a todo el mundo; ya lo había hecho alguna que otra vez y no tenía pensado no volver a hacerlo.  Solía decir que cometer locuras es de cuerdos y que quien no arriesga no gana, por tanto prefería tener por unos momentos a alguien en contra antes que dejar pasar la oportunidad de ser feliz.  Así que planeó su próxima locura, algo que no había hecho antes. Salió temprano de casa, con destino desconocido para todos excepto para ella y alguien más. Había planeado un viaje secreto, cuyo destino no era otro que ver al chico que le gustaba. Lo que no sabía es que repetiría una y otra vez, hasta que dejó de ser secreto.

El deseo y el miedo.

Creo que no puede haber peor mezcla de sentimientos en el alma de una persona que la del deseo y la del miedo. Dos sentimientos tan distintos, que a simple vista parecen imposibles de vincular pero que a la vez son complementarios el uno del otro. Esos momentos en los que deseas algo con tantas fuerzas, amor, dinero, un trabajo...la cosa más estúpida que se pueda desear pero de repente te sientes bloqueado; es el miedo. el miedo a desear algo con tantas fuerzas que pueda desaparecer o que simplemente solo se quede en deseo y nunca se cumpla. Ojalá fuesen sentimientos que nunca estuviesen relacionados entre sí; ojalá poder desear algo sin sentir ese miedo que hace que te tiemble todo el cuerpo, la voz y hasta la respiración.

La amante del asesino.

Inexperta en eso del amor, comenzó a hablar con un chico que conoció de casualidad. Sentía miedo, miedo de no ser suficiente, de no gustarle y que solo fuesen ilusiones suyas, miedo a sentir lo desconocido.  Los dos de la misma ciudad, apenas separados por unos metros de distancia. Se hablaban todos los días, a todas horas. Compartían casi todos los gustos y hobbies , la conexión era total. Y a ella poco a poco le iba gustando más, y a él, aparentemente, también. La única diferencia que había entre ellos era la edad; ella apenas una niña, con 16 años, él de 24. Ese era otro factor que le daba miedo al principio, hasta que vio que no tenía por qué temer nada. Pasó más tiempo, 4 meses, la confianza era aún mayor, evidentemente y llegó el esperado momento:   - ¿Quieres que nos veamos esta tarde? - le propuso él.   - Vale - le sonrió a la pantalla. Se vieron y fue una tarde bastante agradable; risas, alguna que otra caricia, buena conversación...etc. L...

Navidad.

19 de Diciembre, quedan días para una de las épocas más esperadas por muchos, la mayoría de ellos niños, la Navidad. Época en la que las callen brillan más de lo normal, los niños te contagian su alegría y sus ganas de recibir los regalos, en la que se canta y se ríe sin ton ni son...No digo que no sea bonita, pero sí que poco a poco se va perdiendo la magia; conforme te haces mayor y descubres la realidad de "los reyes magos" y conforme pasan los años y empiezan las ausencias en la mesa. Esto te lo dedico a ti, tito, la pérdida más reciente, aunque no lo puedas leer. La cena de nochebuena nunca será lo mismo sin tu presencia, la que le daba la mayor alegría a la estancia. Se echan de menos tus chistes malos, uno detrás de otro, acompañados al final de tu mítico "¿Que me calle?". Se echan de menos las veces que te salías al balcón y sin darte cuenta te quedabas encerrado, para al final ponerte a gritar y cantar como un loco ahí fuera. Se echan de menos tus sesi...

Cuestión de tiempo.

Nos conocimos por casualidad, de estas veces que vas a un sitio y ves a "la persona"; esa persona que desde ese momento sabes que va a formar parte de tu vida, de una forma u otra. Fue en mi cafetería favorita, donde solía ir alguna que otra vez a tomar cualquier cosa, desde un simple café a un desayuno completo. Se ve que trabajaba allí, cosa que me sorprendió, porque nunca antes lo había visto por allí.  Aquella mañana, la primera vez que crucé una mirada con él, me sirvió el desayuno. Fue entonces cuando me preguntó si deseaba algo más que sentí como un escalofrío, sentía que me ruborizaba, que medio temblaba...Y eso que solo tenía que contestar sí  o no . Después me sonrió y se marchó, y sentí alivio, alivio de la vergüenza que estaba pasando.  Cuando llegué a casa llamé a mi mejor amiga y le conté. Se rió un poco de mí, en el buen sentido, porque sabía lo que me había pasado, lo que me pasaba. - Lo que a ti te ha pasado es que te ...

Vidas cruzadas.

 Era esa persona que conoces y ves que todo lo que tiene es bueno. Esa persona que ves y dices "quiero estar contigo el resto de mis días". Pero para llegar a este punto tiene que pasar cierto tiempo. Al principio, nunca pensé que me llegaría a fijar en alguien como tú. Pero acabé haciéndolo. Me gustaba todo de ti, tu forma de ser, tu físico, tu risa, tu voz...no encontraba ningún pero.  Lo único que fallaba era mi cobardía, el no atreverme a decirte nada de esto por miedo a perderte para siempre. Por miedo al rechazo. Por la incertidumbre de no saber si tu sentirías lo mismo, o al menos algo parecido. Así que un día algo en mí dijo que tenía que hacerlo, decirte todo lo que pensaba sin miedo a las consecuencias. Y además, decidí que lo mejor era hacerlo en persona. Y allí te encontré, junto a la puerta del parque que tanto te gustaba. Me decidí a acercarme a ti, con la idea de saludarte y ya después contártelo todo; pero conforme me acerqué, mis intuiciones se d...

La jaula de los miedos.

No podría describir (lo suficientemente bien) lo que sentí en aquel preciso instante. De estar tan tranquila a pasar a un estado en el que ni yo misma sabía cual era.  No solo me quedé encerrada en ese maldito ascensor durante unos minutos (una eternidad para mi) sino que me quedé encerrada con mis miedos. Mi mente se tornó gris, la ansiedad y lo que es peor,un cúmulo de miedos se apoderaron de mi. Miedo a qué pasaría si pasaba más rato, miedo a no poder respirar, miedo de si no volvería a ver a la gente que más quería. Pero a su vez, sentí que no podía dejar que esos miedos se apoderaran de mi y conseguí hacerme con su control.  Desde entonces, no le tengo miedo a nada, a ninguna situación, ni mucho menos dejo que esos pensamientos vuelvan a mi. Esto me hizo ver, que incluso la peor de las experiencias puede convertirse en la mejor, por contradictorio que suene.