Un sueño.

Desde bien pequeñita, con tan sólo cinco años, ya sabía que el fútbol iba a formar parte de mi vida. Veía a mis primos jugar en el jardín y siempre me unía a ellos, aunque apenas fuera capaz de sostenerme en pie.


​Fui creciendo y ya en el colegio esa sensación se acrecentó. Siempre que tenía la oportunidad jugaba al fútbol con mis compañeros, en el recreo, en educación física y hasta en el parque al terminar los deberes. Las demás niñas de clase e incluso de otros cursos me insultaban y me decían "machorra", "marimacho", "el fútbol es para niños"... Etc. Pero yo no les hacía caso. 

​Cuando cumplí dieciocho años le dije a mis padres que quería dedicarme al fútbol, ser futbolista profesional, y llegar a estar entre los mejores del mundo. Ellos siempre me apoyaron y me dijeron que adelante, no si antes advertirme de que sería un camino duro. 

​Fueron años duros, de entrenamientos, de lesiones, de insultos, de rechazo... Pero estoy orgullosa de mi y de saber que tras tanto sufrimiento he logrado un sueño que muchos trataban de chafar. Gracias al apoyo de mis seres queridos y a no rendirme nunca, hoy en día estoy en un gran equipo de fútbol femenino y puedo presumir de ser la única mujer entre los mejores futbolistas del mundo. 

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