La liberación de las almas.
La casa de mis abuelos, situada en medio del campo, es enorme y preciosa, con un jardín muy grande y habitaciones para invitados. Mi abuela me contó que antes tenía otros dueños y ella la compró cuando éstos murieron.
Todos los veranos me gusta ir allí con ella, y pasar unos días. Me cuenta historias de todo tipo mientras yo la miro y escucho embobada. algunas de las historias tienen que ver con los antiguos inquilinos, a los que ella se refiere como "las almas de la casa". Ella asegura que todas las noches escucha voces, o ruidos, e incluso ve objetos moverse; pero mis padres dicen que no haga caso ya que ella está ya muy mayor.
Hasta que lo viví por mí misma. Una noche me quedé a dormir en una de las habitaciones y sentí miedo. Sentía que la oscuridad se apoderaba de la habitación y además fui testigo de todo lo que mi abuela me había contado. Escuchaba susurros e incluso algo caerse; al dar la luz una muñeca situada en la cómoda apareció en el suelo, lo cual no tenía sentido porque estaba yo sola.
El día de la noche de San Juan fui y le dije a mi abuela que me llevaba la muñeca y otros objetos.
- ¿Para qué los quieres? - preguntó mi abuela.
- Voy a quemarlos esta noche, en la hoguera. - contesté.
- No lo hagas... - dijo preocupada.
Decidida, me fui a la playa y una vez delante de la hoguera arrojé la muñeca y los demás objetos al fuego. Mi abuela pensaba que las almas de los inquilinos estaban de alguna forma ligados a esos objetos y que al quemarlos solo empeoraría la situación en casa, yo, sim embargo, lo hice porque así liberaba sus almas al fin y a la casa de cualquier presencia.
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