La jaula de los miedos.
No podría describir (lo suficientemente bien) lo que sentí en aquel preciso instante. De estar tan tranquila a pasar a un estado en el que ni yo misma sabía cual era. No solo me quedé encerrada en ese maldito ascensor durante unos minutos (una eternidad para mi) sino que me quedé encerrada con mis miedos. Mi mente se tornó gris, la ansiedad y lo que es peor,un cúmulo de miedos se apoderaron de mi. Miedo a qué pasaría si pasaba más rato, miedo a no poder respirar, miedo de si no volvería a ver a la gente que más quería. Pero a su vez, sentí que no podía dejar que esos miedos se apoderaran de mi y conseguí hacerme con su control. Desde entonces, no le tengo miedo a nada, a ninguna situación, ni mucho menos dejo que esos pensamientos vuelvan a mi. Esto me hizo ver, que incluso la peor de las experiencias puede convertirse en la mejor, por contradictorio que suene.