Adiós.

Le dije adiós tantas veces que llegó a ser una forma de no irme nunca.
Cada vez que decía adiós me retumbaba la calma en los costados, porque no era adiós, era estoy aquí, era ven a buscarme que sólo tú me encuentras.
Decirle adiós era acorralar a la esperanza. Era esperarle y perderle al mismo tiempo.
Adiós.
Adiós.
Adiós.
Perdí la cuenta; dije adiós más veces de las que merecía, de las que podía soportar.
Decirle adiós fue atarme a su recuerdo en la cárcel del olvido.

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