Criaturas.
Hoy teníamos como objetivo escalar una de las montañas más altas de la provincia. Tenía fama de ser muy complicada y escarpada, pero aun así nos aventuramos.
Cuando llegamos a las faldas de la montaña, quedamos impresionados por la altitud de ésta. Nos preparamos los arneses y comenzamos a escalar poco a poco, uno detrás de otro, por la empinada ladera. Llevábamos buen ritmo, quizá habíamos escalado la mitas de la ladera, cuando de pronto la temperatura comenzó a bajar.
- ¡Eh Carlos! ¡Mira a tu derecha! - dijo uno de mis compañeros.
Miré y las nubes estaban alcanzándonos, tan rápido que en cuestión de minutos nos engulleron y perdimos toda la visibilidad. Ahora no sabíamos dónde poníamos un pie o una mano.
- ¡Aquí hay una cueva! - divisé entre la neblina.
- ¡Paremos! - comentó un compañero.
No sabíamos de la existencia de ninguna cueva en esta zona, nos quedamos charlando sobre qué hacer. Nos habíamos perdido.
-Bueno, seguiremos hacia arriba, sin complicarnos, hasta llegar a la cima - dije finalmente.
Tras varias horas, sustos, tropiezos y desprendimientos, llegamos a la cima. Era un llano muy tranquilo, las nubes se habían quedado abajo y ahora podíamos contemplar las vistas. Sin embargo, empezamos a escuchar pisadas y crujidos de ramas.
- ¡Shh! No hagáis ruido - susurró Iván.
- Mirad, allí hay algo - susurré.
- ¿Qué es eso? - dijimos.
De entre los árboles aparecieron unas criaturas que aparentemente eran jabalíes. Sin embargo, su color era extraño y llamativo; los había rosas, azules, naranjas...y además tenían alas. Parecían criaturas mágicas sacadas de un cuento.
- Será mejor que nos vayamos... - comenté.
- Sí - concluimos.
A pesar de acabar perdidos y rodeados de seres misteriosos, la aventura resultó ser algo extraordinario.
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