Tu océano.

Incapaz de sostenerle la mirada. Por más que quería no podía; sentía la horrible necesidad de evitarle, de apartarle la mirada. 
Y la única verdad es que tenía una razón para hacerlo, y era que se perdía. Sí, que se perdía; que si le miraba directamente a los ojos sentía que se perdía en el océano más grande del mundo, del que no podría salir por mucho y muy rápido que nadase, o del que le costaría una eternidad escapar.
En un océano... ya que así era el color de sus ojos, de su mirada. Azul como el océano, azul como el cielo que se refleja en éste. Sentía la calma, sentía la brisa, sentía la protección, sentía todo lo que podía sentir...en el lugar más bonito del mundo.
Por poco que cruzasen miradas, lo poco que ésta durase, hacía que se sintiese segura y protegida ya que, como dice el dicho "los ojos son el reflejo del alma"; de ahí que sintiera esa incapacidad de sostenerle la mirada, pues a través de ellos podía ver todo lo que su alma ocultaba.
 Y juntando ambas miradas verían el reflejo de sus almas.

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