Señales de vida.

Desde que entró allí todo le parecía un poco distinto, incluso, por qué no decirlo, extraño. 

A sus 26 años, después de unos meses con su puesto de trabajo fijo, decidió valerse por sí mismo así que se independizó. Vio un anuncio de una pequeña casa a las afueras, en alquiler; el precio le pareció bastante razonable y, por las fotos, la casa parecía muy acogedora. Otra cosa es la realidad.

Cuando la casera le acogió, una mujer mayor pero muy entrañable, le comenzó a enseñar la casa. Habitación por habitación, hasta que llegó al dormitorio. 

- Este era el dormitorio de mi nieto. ¿Sabes? Me recuerdas mucho a él.
+¿Y como es que su nieto no está viviendo aquí?
- Bueno, cuando era pequeño murió. Nunca supimos la razón, pero sí que había sido una gran pérdida.
+Vaya...lo siento mucho, señora.
- No te preocupes, ya hace mucho tiempo de aquello.

El chico se quedó un poco extrañado tras esta conversación.

+ Pero, entonces...¿cómo es que le recuerdo a él? ¿Qué edad tenía su nieto cuando murió?
- Era solo un niño, tenía cuatro años. 

Se quedó perplejo. Decidió dejar la conversación y seguir viendo el resto de la casa. Ya solo le quedaba la terraza; era grande y espaciosa, pero no comprendía por qué había algunos juguetes allí tirados. Pensó que serían de aquel niño y que aún no le había dado tiempo a tirarlos. Prefirió no preguntar.

-Bueno esto es todo, ¿qué te ha parecido? 
+Es perfecta para mi, estoy encantada.
-Pues en ese caso, le dejo que se acomode. Si necesita cualquier cosa, no dude en llamarme. Le deseo una feliz estancia.

Esas últimas palabras le resultaron un tanto inquietantes. Aun así, empezó a deshacer su equipaje. 

Era la primera noche allí, y a pesar de tener la posibilidad de invitar a sus amigos y hacer una fiesta a modo de celebración, prefirió dejarlo para otro día. 
Eran las 00.24 de la noche, estaba sentado en la cama leyendo un libro, hasta que su vista dijo "Basta". Apagó la luz y durmió, o al menos, lo intentó. 

Empezaron a escucharse ruidos raros, como algo arrastrándose; se levantó a mirar. El sonido provenía de la terraza. Cuando llegó allí, abrió la puerta para ver que pasaba, y lo que descubrió lo dejó impactado. Aquellos juguetes que habían allí tirados se estaban moviendo, como si alguien estuviera jugando con ellos.

Tras un rato pensando, allí de pie, volvió al dormitorio y decidió no darle más importancia. <<Serán alucinaciones mías por el cansancio>>, pensó.

Al día siguiente, hizo la gran fiesta. Habían venido todos sus amigos, de toda la vida y de la facultad. Estaba siendo todo un éxito, tanto que ni siquiera se habían percatado de que se les estaba haciendo tarde. 

Los invitados acababan de marcharse, a las 03.05 de la mañana; aunque quizá quedase algún invitado. 

Estaba cansadísimo, se fue directo a la cama. Pero, otra vez, los sonidos no le dejaban conciliar el sueño. Se levantó a beber un poco de agua, y a aclararse la cara. Fue entonces, mientras bebía agua, que le pareció escuchar la voz de un niño. Se asustó, pero prefirió hacer caso omiso. 

Ya en el cuarto de baño, se dio cuenta de que algo no iba bien. Al levantar la cara y mirarse en el espejo, le pareció ver el reflejo de un niño pequeño. <<Esto no es real>> pensó. Pero al darse la vuelta, allí estaba, detrás de él.

-¿Ya se ha acabado la fiesta en MI CASA?

Salió corriendo, y se acostó. Incluso cerró la puerta y le puso el armaro delante, para que no pudiera entrar. 

Al día siguiente, visitó a la casera en su propia casa.

+Tome, he decidido volver a mi casa.- le devolvió las llaves.
- ¿Qué ha pasado? ¿Alguna instalación mal? 

<<Ojalá hubiese sido la instalación>>, pensó. 

+ Debería haberme avisado de la presencia de su nieto, difunto, en la casa. 

Y antes de que la mujer pudiera explicarse el chico desapareció. 

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