La semilla de la duda.

Siempre con la mirada perdida, pero no con la mente en blanco, sino llena de preguntas. Era un "Mirando a la nada, pensando en todo".

Porque sí, su mente estaba llena de dudas, de preguntas sin respuesta, o más bien, de preguntas a las cuales no le encontraba respuesta. Y no porque no lo intentara, sino porque su cabeza estaba inundada de "por qués" pero no de "porque".

Su mente era un laberinto. Hilos de respuestas a posibles preguntas, pero todas entrelazadas. Hasta que se dio cuenta de dónde estaba el problema, la semilla de todas las dudas que le rondaban la cabeza. 

En el miedo. 

Miedo a esto, miedo a lo otro...pero sobre todos los miedos estaba el miedo a obtener la respuesta que no quería escuchar y que, sin embargo, sabía que era la correcta.

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