No me gusta.

Michelle  y yo eramos amigas desde niñas, desde aquella vez en segundo de primaria cuando descubrimos que eramos almas gemelas e incapaces de estar separadas la una de la otra.

Fuimos creciendo juntas, fuimos al mismo instituto y hasta estudiamos la misma carrera universitaria. Lo compartíamos todo: ropa, zapatos, complementos, conversaciones (hasta de las más íntimas), momentos e incluso nuestros mayores secretos. Eramos como hermanas. Lo que más me gustaba era hablar de chicos, de los romances que teníamos; sobretodo en la adolescencia.

Pero nos hicimos mayores, adultas, y esa época llena de romances acabó. Un día quedamos por la tarde para tomar café; ella estaba radiante de felicidad, y tenía motivos.

 -¡Se te ve feliz!-dije- ¿Puedo saber el motivo?
 -El motivo tiene nombre y apellidos - contestó Michelle.
 -¡No me digas!
 -¡Tom Jonhson!- contestó con entusiasmo- ¿Te acuerdas de él?
 -¡Claro! El chico con el que empezaste a salir después de graduarnos.
 -El mismo -contestó satisfecha- Pero aun hay más...¡Me caso!

Después fuimos a celebrarlo con unas amigas más; se veía a Michelle tan feliz...

Pasó el tiempo y el día de la boda llegó. Era raro, porque lo normal sería ver una novia feliz. Sin embargo, Michelle mostraba todo lo contrario, sonreía pero se notaba que era fingido; estaba triste y a punto de dar el "sí quiero".

Durante la ceremonia, ya en la fiesta, aproveché un momento para disipar mis dudas y hablar con ella.

 -Michelle...¿a qué viene esta felicidad fingida?
 -No es fingida...-se notaba que mentía.
 -Hace unos meses me dabas la noticia llena de ilusión, ¿qué te pasa?
 -No me gusta- contestó tajante.
 -¿Cómo? ¿Qué no te gusta?- contesté confusa.
 -Él. Tom. No me gusta y no lo quiero. Pero tengo que fingir...
 -¿Qué estás diciendo Michelle?
 -La verdad, Lily. Me he casado con él por necesidad, por dinero...obligada; sé que suena feo pero no me quedaba otra. 
 -¿A cambio de tu felicidad?
 -A cambio de mi felicidad...


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