Un amor de infancia.

Crecieron juntos, se educaron juntos, se desarrollaron (física y mentalmente) juntos, se enamoraron y acabaron envejeciendo juntos. La típica historia imposible pero que las hay.

Sofía y Arturo eran dos niños completamente distintos; se conocieron con cuatro añitos, ya que iban juntos a la guardería y además sus madres eran muy buenas amigas, por lo que se veían también fuera del colegio. Al ser tan distintos, desde tan pequeños ya chocaban mucho y se enfadaban, pero al final siempre acababan jugando juntos otra vez, como si hubiese una fuerza externa que los volvía a unir. 

Pasaron los años y coincidieron también en la misma clase de primaria. Eran muchas las veces que su profesora hablaba con ambas madres acerca de su comportamiento; se peleaban a menudo pero lo que más le llamaba la atención era cómo después volvían a estar como si nada. 

Después llegó la adolescencia, la etapa más difícil, y volvieron a coincidir juntos. Seguían con esa extraña relación de amor-odio, por llamarlo de alguna manera. Los insultos el uno hacia el otro eran numerosos, día a día, pero también había mucho compañerismo, complicidad y amistad. Y no solo eso, sino que se rumoreaba además que entre ellos había ciertos miradas que algunos relacionaban con algo más que amor. 

Ahora, Sofía y Arturo están casados y a la espera de su primer hijo. Y justo se habían puesto a recordar esta historia que los unió desde siempre. Estaban sentados en el sofá, Sofía con la cabeza apoyada en el hombro de Arturo y Arturo con la mano en la barriga de Sofía. 

  -¿Te acuerdas de nuestro primer beso? - dijo Sofía.
  - ¿Cómo no lo iba a hacer? Esperé mucho tiempo para ello- respondió Arturo con una sonrisa. 

Era un día lluvioso, la hora del recreo. Estaban juntos pero a la vez no, ya que acababan de discutir y no se hablaban (orgullo adolescente). Sonó el timbre y no paraba de llover, pero aun así Sofía, llena de orgullo, decidió salir del porche hacia la clase; Arturo, al ver cómo se estaba poniendo Sofía de empapada, salió corriendo y la tapó con su chaqueta. Al llegar dentro del instituto, Sofía solo lo miró y siguió su camino, pero Arturo la agarró del brazo y la besó. Y así, empezó todo hasta lo que habían construido hasta hoy. 

  -Cariño...¡Cómo te odiaba! - dijo Arturo entre risas.
   - ¡Y yo! ¡Eras insoportable, y con los años más! - contestó Sofía.

Comenzaron a reír a la vez que recordaban su historia y se dieron cuenta que siempre se habían necesitado, a pesar de las peleas. Así hasta hoy en día y hasta ser viejos; crecer juntos y envejecer juntos. 

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