Vuelta a casa.

 Hacía dos meses que Kalid estaba separado de su familia. Tras las guerras que se habían sucedido en Irán, los soldados estadounidenses habían creado un lugar para mantener a los niños que estaban solos a salvo del ejército rival. De esta manera, las familias quedaban completamente separadas y además, a pesar de que las guerras habían acabado, ambos ejércitos seguían enfrentados y los padres debían pasar controles para reunirse con sus padres.


Kalid pasaba el día junto a otros niños y un par de soldados que les mantenían entretenidos para que por unos instantes olvidasen el horror de ahí fuera. Les enseñaban lecciones y también jugaban; mientras, la zona se mantenía vigilada y protegida por el resto del ejército estadounidense. 

Los padres, sin embargo, no tenían la misma "suerte". La mayoría de ellos no conseguían pasar los controles que los soldados iraníes tenían en la frontera, a pesar de vivir allí. Los soldados les pedían documentos que, o no tenían o bien ni siquiera existían, o incluso les pedían dinero. Otras veces eran los propios civiles quienes intentaban sobornar a los soldados, pero solo conseguían que los matasen.

Los padres de Kalid corrieron más suerte. No solo contaban con contactos que les ayudaron con el tema de los documentos, sino que lograron pasar los controles. Solo el último estuvo a punto de hacerles retroceder pero pasaron con éxito. Un soldado aliado les indicó dónde se encontraba su hijo y se encaminaron hacia allí.

Kalid estaba jugando justo cuando sus padres entraron. Se abrazaron y lloraban de alegría. Ya volvían a estar juntos.

   - Ahora os diremos cómo huir - les indicó un soldado.

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