La desaparición de Zepi.
Mañana volvíamos al instituto después de las vacaciones de verano. Volvían los nervios de un nuevo comienzo, de ver a los compañeros y conocer otros nuevos. Además, alguien más nos esperaba en clase, ¡nuestra mascota Zepi! Era un hámster muy hábil y cariñoso que estaba con nosotros desde el curso pasado.
Quince de septiembre, me vestí corriendo y salí pitando hacia el instituto. Llegué y comenzaron a llegar mis amigos; tras saludarnos, fuimos de camino al aula, ansiosos de ver a Zepi. Sin embargo, lo que encontramos no fue de nuestro agrado. El aula estaba hecha un desastre: papeles por todas partes, material por los suelos e incluso mesas y sillas volcadas. A simple vista pensamos que podría haber sido el viento, ya que nos encontramos con todas las ventanas abiertas.
Lo peor fue cuando vimos la jaula de Zepi abierta. Había desaparecido o alguien nos la había robado. Fue en ese momento cuando comenzamos su búsqueda.
Primero decidimos ordenar y colocar todo en su lugar y después limpiamos el aula. Éramos cinco así que cada uno se puso en un extremo del aula; fue entonces cuando Lidia encontró lo que podría ser una pista de lo que había ocurrido.
- ¡Chicos he encontrado algo! - dijo Lidia.
Todos nos acercamos corriendo a ver de qué se trataba.
- Mirad, es una pulsera - comentó Lidia a la vez que nos lo mostraba.
- Espera un momento... - dijo Elena.- Conozco esta pulsera...
- ¿Sabes de quién es? - pregunté.
- ¡Sí! ¡ Ya lo recuerdo! - dijo Elena. - Se la vi a Fátima el curso pasado.
Fátima era una alumna de la clase de al lado, nuestros rivales. Eso nos hizo dudar de que nos habían robado a Zepi porque su profesor no quería mascota. Fuimos a su clase y allí estaban, ¡tenían a Zepi!
Tras un rato discutiendo con ellos, conseguimos que nos lo devolvieran y, aunque ese día no pudimos dar clase, había sido el mejor inicio de curso.
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