Entradas

Lo que nos une.

Imagen
Parece que no, parece una especie de invención, pero no lo es. Dos personas pueden acabar separadas, por unos motivos u otros, tuvieran la relación que tuvieran, pero siempre habrá algo que los una.  Como nos pasa a nosotros. ¿De verdad crees que después de tantos años nuestras vidas se han separado y alejado por completo? Quizá eso es lo que pretendías, que nos alejásemos hasta tal punto que pareciésemos unos completos desconocidos, fingir ante todo el mundo que ya no nos queremos y que ni siquiera nos importa lo que le pase al otro, algo que los dos sabemos que no es cierto. Siento decepcionarte, pero no, seguimos igual de unidos, o incluso más. Recuerdos, momentos inolvidables (buenos e incluso malos), objetos que tenían (y tienen) demasiados significados, conversaciones, abrazos en los que me hacías sentir la persona más grande del mundo, besos....todo eso mantiene nuestras vidas entrelazadas aunque ya no nos veamos. ¿De verdad quieres que todo esto acabe desapareciend...

Escapar o luchar.

La de veces que nos habremos hecho ese tipo de preguntas, y la de veces que habremos elegido mal. Escapar está bien, pero no es siempre la solución. Escapar lejos, huir a lo desconocido, escapar de los demás y huir contigo mismo es lo mejor que puedes hacer, por un tiempo limitado o en ocasiones, para liberar todo aquello que tienes dentro y no te deja libre. Eso que te ahoga en numerosas ocasiones y que hace que te plantees cosas que ni deberías. Sal fuera, huye, conócete y libérate; solo ahí es cuando debes escapar. Y después, seguida de esa liberación, lucha. Lucha y pelea, con uñas y dientes, con toda la fortaleza del mundo, por aquello que siempre has querido conseguir. Un pequeño o gran sueño que haga que te despiertes todos los días con ganas de comerte el mundo. Hazlo, cómete el mundo y ve a por todas.  Así que, en cierto modo, en vez de cuestionarnos ese "escapar o luchar", deberíamos grabarnos un "Escapa contigo mismo para así poder luchar."

Ángel.

No fue hasta que te perdí que me di cuenta de lo mucho que me importabas. Aunque también es verdad, que en cierto modo, eso nos pasa a todos. Porque solo nos atrevemos a decir lo que sentimos cuando todo está perdido. Cometemos el error de creer que todo es eterno, y estará ahí para siempre y es por eso que cuando lo perdemos duele tanto curarse.  Yo te perdí a ti, abuelo. Y no sabes lo mucho que me arrepiento de no haber aprovechado más cada momento contigo. Sé que ya han pasado muchos años desde aquel fatídico día, pero nunca deja de doler. Y es que fue tan repentino, que no se termina de asimilar. No me puedo quejar de infancia a tu lado, ya que casi pasaba más tiempo contigo y la abuela que en casa. Sobretodo en verano. Me molestaba levantarme temprano porque mi madre trabajaba pero se me pasaba al saber que iba allí con vosotros. Esas mañanas en las que iba primero a comprar con la abuela, y al llegar, ya tarde, tú te levantabas (porque en verdad eras un dormilón)...

Y tú, ¿en qué estas pensando?

Sin darnos cuenta, nos pasamos el día pensando, así, sin más. Desde que nos despertamos hasta que volvemos a dormirnos, e incluso ahí, en los sueños, lo hacemos.  Pensamos en futuro, en qué pasará cuando acabemos una etapa y toque empezar una nueva, en si seguiremos junto a las mismas personas, en las decisiones que vamos a tomar y las consecuencias que éstas puedan tener, en dónde estaremos dentro de x tiempo y con quién, en si los sueños que teníamos en un pasado se cumplirán.  Pensamos en pasado, en las decisiones que una vez tomamos, arrepintiéndonos o alegrándonos por ellas, en las personas con las que compartíamos nuestros mejores o peores momentos y que ahora no están, en nuestro prime amor y el primer beso, en la infancia y la inocencia con la que veíamos el mundo, en las ganas que teníamos te comernos el mundo. Pero, ¿y ahora? Pensamos, le damos vueltas a la cabeza, pero no sobre lo que nos atañe ahora. Pensamos en presente, pero como una forma verbal. No pen...

Aventuras en el mar.

Imagen
Le encantaba el mar desde pequeño, algo que al parecer venía de familia. Su abuelo se lo enseñó por primera vez con 3 años; daban paseos por la playa, iban al puerto y le contaba historias de piratas con las que él después llegaba a soñar. Creando historias en las que él era el propio capitán de un barco, el protagonista. 3 años después, cuando cumplió los 6 su abuelo se fue y él se escapaba de casa y se iba a la playa, sin que sus padres lo vieran. Pero un día sus padres salieron en su busca y no les costó mucho encontrarlo,allí estaba, sentado junto a la orilla del mar.  + Hijo, ¿qué haces aquí? - Preguntó su padre mientras se sentaba a su lado.   - Recordar las historias que el abuelo me contaba.  Pasó un rato en el que los dos permanecieron en silencio hasta que Hugo habló: - Papá, ¿crees que algún día seré como tú y el abuelo? Tanto su padre como su abuelo eran marineros, de ahí que su abuelo le contara tantas historias con respecto al mar...

El marido ausente.

Casi tres años casados de los cuales dos ni siquiera los podría considerar como "años de matrimonio". De recién casados todo era perfecto, pero al poco tiempo la cosa empezó a cambiar, o más bien él.  Cada uno tenía su trabajo, ella turno de tarde y él de mañana, desde bien temprano. Total, eso ya hacía que no tuvieran tiempo apenas para estar juntos, sólo por la noche; momento que aprovechaban para cenar juntos y y ver alguna película, o simplemente charlar sobre cómo había ido el día. Pero de pronto un día, su marido le dijo que tenía una cena de empresa, lo cual le extrañó un poco ya que no era ninguna fecha importante pero decidió no darle más vueltas. Sin embargo, pasaban los días y empezó a distanciarse de ella; le rechazaba los besos, los abrazos...e incluso a veces llegaba a contestarle mal. Al final tuvo que darle más importancia, ya que la situación se repetía una vez tras otra:   - ¿Te pasa algo?    + ¿Por qué lo dices?   -Por t...

El secreto mejor guardado.

La verdad es que no estaba pasando por un buen momento. Su madre estaba ingresada en el hospital, grave y su padre apenas estaba en casa por el trabajo. Y bueno, los estudios tampoco es que le fueran muy bien, últimamente suspendía todos los exámenes, estaba distraído en clase, y no hacía la tarea. -Como sigas con esta actitud no conseguirás pasar de curso- le dijo un día su profesor. Él se limitó a mirarlo, y se fue, ni siquiera tenía fuerzas para contestarle. Llegó a casa, tiró la mochila y después de un buen rato sentado en la cama, pensando, fue corriendo al hospital a ver a su madre. Pero no le gustó lo que vio.  Su madre había empeorado, justo en ese momento la enfermera estaba a su lado administrándole calmantes para el dolor. Su madre le dirigió una débil mirada y a él se le partió el corazón; sabía que era cuestión de tiempo que llegara el final. Se quedó un rato en el pasillo, y salió el doctor. Éste le dijo que su madre estaba mucho peor y que era cu...