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Un amor de infancia.

Crecieron juntos, se educaron juntos, se desarrollaron (física y mentalmente) juntos, se enamoraron y acabaron envejeciendo juntos. La típica historia imposible pero que las hay. Sofía y Arturo eran dos niños completamente distintos; se conocieron con cuatro añitos, ya que iban juntos a la guardería y además sus madres eran muy buenas amigas, por lo que se veían también fuera del colegio. Al ser tan distintos, desde tan pequeños ya chocaban mucho y se enfadaban, pero al final siempre acababan jugando juntos otra vez, como si hubiese una fuerza externa que los volvía a unir.  Pasaron los años y coincidieron también en la misma clase de primaria. Eran muchas las veces que su profesora hablaba con ambas madres acerca de su comportamiento; se peleaban a menudo pero lo que más le llamaba la atención era cómo después volvían a estar como si nada.  Después llegó la adolescencia, la etapa más difícil, y volvieron a coincidir juntos. Seguían con esa extraña relación de amo...

Mi vergüenza

Insegura y tímida, siempre evitando, en la medida de lo posible, cualquier tipo de contacto visual. Salía lo justo, solo cuando era estrictamente necesario y con una vestimenta grande.  Solía decir que no salía porque estaba a gusto en casa, viendo alguna película o leyendo un libro.   - Mi habitación es mi refugio- decía cuando le preguntaban.  Pero no daba ninguna explicación más. Y la única verdad era que, allí refugiada y escondida de la sociedad, era donde de verdad se sentía segura. Es más, hasta le gustaba mirarse en el espejo y se gustaba físicamente ; porque esa era la razón de su escondite, huir de los comentarios de los demás sobre su cuerpo.  ¡Gorda! ¡Obesa!, insultos por el estilo que solo aumentaban sus ganas de quedarse escondida para siempre. Otras veces ni siquiera hacían comentarios, sino que el daño estaba en su mente y ella escuchaba esas voces.  Hasta que al cabo de un tiempo, se miró al espejo y se dijo "Ya está bi...

Lo que pesa en la mirada.

Una sonrisa no es sinónimo de estar bien, reír por un chiste que te acaban de contar no significa que no haya ningún problema y estar bien, en general, no quiere decir nada. Se pueden tener miles de problemas, ya sean personales, de trabajo, de salud...que no todo el mundo  se va a percatar de ello. Noté que ella no estaba bien, que algo la perturbaba por dentro. No me lo dijo directamente, pero su expresión y su forma de estar en ese preciso momento hablaban por sí solas. Y es que cuando conoces muy bien a una persona sabes qué le ocurre con solo mirarle a los ojos; siempre he pensado que la mirada es el reflejo del alma.  Y no me equivocaba. Me dispuse a preguntarle qué le pasaba cuando se derrumbó en mis brazos en un mar de lágrimas; ni siquiera me dio tiempo a formular la pregunta. Es por eso que sé que no solo se trata de preguntar sino de estudiar la mirada de la otra persona, ya que todo lo que pesa en el alma es reflejado en la mirada.  

Querer mejor.

Si algo he aprendido con el tiempo es a construir bien las frases, las expresiones que usamos. No nos damos cuenta de la importancia de esto hasta que empezamos a cometer algún error, fruto de haber usado mal una expresión.  He de decir que ésto no lo he aprendido por experiencia propia; en ningún momento he tenido problema alguno con lo que yo haya expresado, pero sí que lo viví desde cerca. Cuando era una niña, de unos siete u ocho años, tenía que escuchar muchas veces cómo discutían mis padres. Yo nunca estaba presente, me refugiaba en mi cuarto con mis muñecas e intentaba hacer como si no pasara nada, pero a veces las voces traspasaban los muros y era inevitable escucharlo todo. También es cierto que otras muchas veces se querían tanto que no podían pasar un momento separados, y me encantaba verlos así.   - Te quiero- decía mi madre.   - Yo te quiero más - contestaba mi padre.  Pero pasaron los años y cumplí los dieciséis, momento en el que mis...

Labios rojos.

Daniel no era un chico al que le gustase mucho salir de fiesta; era más bien tímido, le costaba mucho abrirse a los demás y había días que prefería estar solo en su cuarto. Sin embargo, aquel sábado noche decidió salir con sus amigos a la feria del pueblo, sin saber que esa noche cambiaría su vida por completo. Silvia, en cambio, era todo lo contrario a Daniel. Cada vez que tenía ocasión salía con sus amigas; para ella el mejor plan era siempre estar fuera y alejada de casa. Le encantaba relacionarse con la gente, reír a carcajadas, colores llamativos; era de pintalabios rojo incluso en días grises. Como de costumbre, es noche salió a la feria del pueblo; el mismo día y el mismo pueblo que Daniel. Había mucho ambiente aquel día; niños correteando como locos y gritando en las atracciones, familias enteras disfrutando de una buena cena, casetas a reventar de jóvenes y música, mucha música. Daniel y sus amigos entraron a una de las casetas más conocidas, La Bailona , y se pid...

Lo más difícil es ver lo evidente.

En la vida nos negamos a hacer muchas cosas: un viaje, una actividad, ir al gimnasio,cambiar de estilo, hacer algo que cambie tu vida por completo y haga que ésta de un giro de 360º.  Hay veces, incluso, que nos negamos a amar a alguien, a compartir historias y momentos, a contarnos secretos o a sincerarnos; a pesar de ser cosas que hacen de la vida algo bonito. ¿Y qué hay detrás de tantas negaciones? El miedo. Ese mismo miedo que nos impide ver algo que es evidente, algo que está justo delante de nuestras narices pero que de alguna manera ocultamos. Y así, ocultando la verdad, solo conseguimos vivir una realidad paralela en la que todo es como nos gustaría. El problema llega cuando abrimos los ojos y la realidad nos golpea en la cara; y duele, aun sabiendo que éramos conscientes de todo.

200 Besos

Jamás olvidaré aquella frase que me dijo un tiempo antes de vernos: "No te daré ni 1, ni 2, ni 3, sino 200 besos. Uno por cada día sin vernos." Es decir, llevábamos todos esos días sin vernos, separados; tuvo que irse de viaje de negocios todo ese tiempo a Berlín, a 2000 kilómetros de distancia.  Antes de irse estuvimos hablando sobre si seguir con nuestra relación o no, y al final decidimos seguir: "nuestro amor es más fuerte que la distancia y el tiempo que nos separa.", dijimos. Hablábamos todos los días e incluso había días que hacíamos videollamada; había días que nos daba la sensación de que la relación se estaba enfriando, o al menos yo lo pensaba. Pero a la vez pensé que serían tontería mías, que todo estaba bien. Pasó el tiempo y su estancia en Berlín llegaba a su fin. Decidí ir al aeropuerto a recibirle, a modo de sorpresa, y por fin darnos los besos que tanta falta nos hacían. Allí estaba, con cara de agotamiento por el viaje. Supongo que...