No solo duelen los golpes.

Aquella noche, al llegar a casa, lo primero que hizo fue encerrarse en el baño. No saludó a nadie, entró, tiró el bolso y se encerró. Era fácil deducir lo que hacía, lloraba; lloraba como si no hubiera un mañana. 
Tenía pareja desde hace poco, los dos eran jóvenes así que se podría decir que no eran expertos en eso de compartir una vida. 
Al principio, cuando llevaban poco más de un mes juntos, todo era genial: risas, cariño, amor, fidelidad...pero al cabo de poco tiempo la cosa empeoró. Ella sentía que su chico no se comportaba igual, no la apreciaba ni quería igual que antes. Cuando volvía de estar con él lo hacía triste, sus padres le preguntaban, pero ella callaba. 
Un mes después, al volver a casa, estaba magullada; tenía moratones por todo el cuerpo y apenas se mantenía en pie. Sus padres preguntaban y preguntaban ¿Qué te pasa? ¿Qué te ha pasado? Pero ella solo sabía responder con silencio. Los padres, desesperados, contrataron un psicólogo para ayudarla, pero ni con la ayuda de éste hablaba.
Pasó un año y la chica seguía igual, pero un día al fin decidió hablar; le contó tanto al psicólogo como a sus padres el por qué de su comportamiento.
Su chico la maltrataba; le golpeaba, le insultaba...estaba maltratada tanto físicamente como psicológicamente. Pero lo que ella confesó fue tan cierto como que estoy aquí escribiendo: "Me dolían los golpes, claro, pero no tanto como sus palabras, tan duras y llenas de maldad que te dejan sin  alma."

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