Nadie se vuelve frío casualmente.

Estaba ilusionada, porque por fin encontró a esa persona especial, o eso creyó o le hizo creer en un principio. 
Todo iba bien, hablaban día si y día también, las 24 horas del día. Había risas, había cariño, había confianza. Se ayudaban mutuamente.
Pero al tiempo todo cambió, y de mal a peor. 
Se fue alejando de ella, no le hablaba igual, no le demostraba lo que en un principio hacía, hasta que por sí solo se alejó del todo.
Ella intentaba que todo volviera a ser como antes, le hablaba pero al rato ya no contestaba y no mostraba interés por ella.
Acabó cansada de esa situación, de sentir que se arrastraba por alguien que ya no le quería en su vida y tomó la mejor decisión, lo dejó ir.
Meses y meses sin hablar, hasta que un día él le habló. Quería volver a intentarlo, verse, hablar continuamente. Ella le contestó, de manera tan fría que él le dijo: "Has cambiado", a lo que ella contestó: "Tú me has cambiado".
A partir de entonces nunca volvió a ser la misma, se volvió fría, y decidió no mostrar cariño con nadie más hasta que no viese que la otra persona era de fiar. No quería volver a pasar por lo mismo.
Es por eso, que una persona no se vuelve fría casualmente, sino que hay una serie de factores que influyen en ello, como es la desconfianza y, en fin, las propias experiencias.

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