Condenas.
Un día entendí que no todas las condenas se sufren igual. Ni tampoco son iguales.
Pensé que la palabra "condena" hacía solo referencia a lo carcelario, a estar en prisión, a algo relacionado con la policía...pero estaba equivocada. Hay condenas que se sienten más adentro.
Hay nombres que son condenas, suena simple; y la mía era tu nombre, su nombre...el mismo nombre al que de alguna manera o por distintas casualidades siempre estaba atada. Fue la mayor condena que nunca tuve, y lo peor de todo era cómo se sentía; el escapar era algo casi imposible, ya que mirase donde mirase ahí estaba tu nombre.
Estaba condenada a cadena perpetua.
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