Cárcel de oro.
Tenía la vida más envidiable, a la vez que cómoda, que todo el mundo desearía tener. No le faltaba nada, debido al buen nombre y posición de su familia; poseía el dinero que quería, se podía costear los trajes más caros, tener todo lujo de cuidados, los cuáles mucha gente no puede costearse, tenía muchísimas joyas. Además, en su lujosa casa, también había servicio: criadas, cocinera y hasta mayordomo. Pero sí que, detrás de tanto lujo y posesión, le faltaba algo y quizá lo más importante, amor.
Su madre murió cuando aún era una niña así que vivía sola con su padre. Echaba mucho de menos el cariño de su madre, pues la relación que tenía con su padre no era de las mejores. Se pasaban el día y la noche discutiendo, en la mayoría de los casos por cuestiones de honor de la clase alta. Su padre era muy fiel a esos pensamientos, ella sin embargo quería sentirse libre de esos pensamientos.
Otro de los temas por los que solían acabar discutiendo era que su padre estaba empeñado en que casase con un hombre de buena posición y de buen nombre, capaz de hacerle una vida feliz y en la que no le faltase de nada. Pero ella nunca aceptaba los pretendientes que éste le presentaba; era más de pensar en el amor y casar por amor verdadero.
Y claro, ella no tenía la culpa de que su corazón se hubiese enamorado del mayordomo. Su padre ya la había comprometido con un muchacho y ella no sabía qué hacer para librarse de ese casamiento.
Le contó todo lo que pasaba por su mente a su querido mayordomo, el hecho de que iba a casar por orden de su padre y no con él, que era a quien verdaderamente amaba.
-No puedo seguir así. Yo te quiero a ti, y quiero pasar mi vida contigo.
+ Lo sé, al igual que yo, pero no puedes arriesgarte. Tienes que hacer lo que tu padre diga, por conservar su buena posición.
-Pero, ¿Es que no lo entiendes? Voy acabar con un hombre al que no amo, no merezco una vida en la que no seré feliz.
+Claro que te entiendo, pero no quiero que corras el peligro de que tome represalias contra ti. Tienes todo lo que una persona puede tener, no te falta de nada; no mereces a alguien como yo a tu lado.
-Pero es lo que quiero. Me siento atrapada en una cárcel de oro, en la que no puedo amar libremente.
+Peor sería no haber amado nunca.
-Pero ahora nos tenemos el uno al otro.
+Sí. Y te juro que nunca había sentido esto que siento por ti, pero no creo que lo más adecuado sea contarle la verdad.
-Está bien. Dejemos que el tiempo pase, y pensaremos qué hacer. No puedo seguir aquí atrapada.
+Gracias. - Y la abrazó.
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