Comerse la vida.

Hace años, cuando estaba ingresado por un simple virus (el cuál pensaréis que no sería tan simple cuando me obligaba a estar en cama), conocí a una gran persona que me hizo ver la vida de otra manera, con otros ojos. Esa persona se llamaba Carlos, y era todo un señor, un anciano. Él era mi compañero de habitación, aunque él prefería llamarme a mí "compi". 

Carlos estaba ingresado, pero no por un simple virus (ojalá); tenía cáncer de colon. Y pensaréis, buah pues qué rollo estar metido en una habitación todo el día con un viejo, pero he de deciros que fueron las mejores semanas de mi vida. Para mi fue toda una experiencia. 

todo el mundo asocia el estar enfermo con estar apagado, sin ganas de reír, sin ganas de hacer nada...Sin ganas de vivir. Bien, pues ese hombre demostraba todo lo contrario; a pesar de tener tal enfermedad, de estar constantemente con pastillas y con quimioterapia, siempre estaba sonriendo y sin perder el sentido del humor. Era un ejemplo de superación.

Pasaron dos semanas y me comunicaron que ya me daban el alta. Me puse contento porque por fin salía de allí, pero a la vez triste, porque no volvería a escuchar las historias de Carlos. Cuando llegó la noche, me dijo: 

 -Así que ya me abandonas, ¿eh, niño?
 -Sí...
 -No pareces muy contento- dijo al ver mi rostro.
 -Me gustaba estar con usted y escuchar sus historias- acto seguido le pregunté- ¿Cómo hace para estar tan feliz a pesar de...
 -¿A pesar de tener cáncer?- dijo sin miedo.
 -Sí...
 -Pues porque no pienso en ello. Pienso que estoy en un hotel en el que me lo dan todo hecho, me tratan como un rey, cosa que echaba de menos- se reía. Cuando  me dan las pastillas pienso que son caramelos, y el pelo que pierdo con la quimioterapia, es pelo que me cortan todos los días para estar guapo. 

No podía parar de mirarle y escucharle. Le brillaban los ojos mientras lo contaba.

  -¿Sabes? Nunca he olvidado que estoy enfermo y que quizá no me quede mucho tiempo aquí, pero sí tengo una cosa clara y es que no voy a dejar que este cáncer me consuma, que se coma mi vida. Sino que seré yo quien se coma la vida.

Salí de aquel hospital con otra visión de la vida, y todo gracias a Carlos. Él me enseñó a vivir. 

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