Sueños dibujados.
Desde que era pequeña sentí un gran aprecio hacia los niños, suena raro, porque para aquel entonces yo también era una niña. Pero era de las mayores, y muchas veces me tocaba cuidar de mis primos, años más pequeños que yo. Fue ahí, en los momentos que pasaba con ellos, notando su inocencia, sus ganas de vivir, de aprender... Cuando me di cuenta de que quería dedicar mi vida a cuidar de ellos y a enseñarles todo cuanto pudiera.
Fue por eso que decidí estudiar educación, y de entre todas las especialidades, educación primaria; quería estar rodeada de niños como cuando lo estaba con mis primos.
Lo que más me gustó fueron los meses de prácticas. Sentir la alegría de esos niños, cómo aprendían en parte gracias a mi y cómo reían e incluso lloraban. Después de acabar la carrera, como todos los demás estudiantes de educación, estudié para las oposiciones. Tuve suerte, conseguí la plaza y encima, en el colegio de mi infancia.
Pasaron los años, y cada vez me gustaba ayudar más a los niños. Sin embargo, hubo un día que mientras buscaba información para un proyecto, leí un documento en el que hablaba sobre aquellos niños de países más desfavorecidos y que no tenían nada. Ni siquiera el derecho a soñar con un futuro. Esa noticia hizo "click" en mi cerebro, y comencé a buscar cómo podía ir alli y ser profesora para esos niños.
Sorprendentemente, a los años estaba allí, en África para ser exactos, ejerciendo como profesora, como voluntaria eso sí; mi interés no era el dinero sino el futuro de esos pobres niños.
Les daba clase de todas las materias y me encantaba ver las ganas y la energía que tenían, a pesar de que muchas veces llevaban horas o incluso días sin comer.
Lo que más me conmovió fue cuando un día, en clase de lengua, vi a uno de los niños un tanto distraído. Me acerqué a él y le pregunté:
- ¿Qué te pasa Samir? A ti te encanta lengua.
- Nada... Dibujaba. Perdón seño - me dijo triste.
Miré el folio que tenia y vi un muñeco dibujado con un maletín. Mi curiosidad aumentó así que decidí preguntarle:
- ¡Qué dibujo tan bonito! ¿Qué es?
- Soy yo. En el futuro, cuando sea mayor. - Contestó.
- ¿Ah si? ¿Y por qué llevas un maletín?
- Porque seré ministro o abogado, para poder acabar con las injusticias del mundo.
Se me saltó una lágrima. No me esperaba esa respuesta de un niño tan pequeño. Ese niño estaba dibujando su futuro, soñaba con ser ministro o abogado y quién sabe si podría lograrlo.
No era el único, por supuesto. Había una niña que quería ser doctora, otro quería ser físico, otro astronauta... Y así. Por eso, ese día hice que todos dibujaran lo que querían ser, y después los colgaríamos en la pared de clase. Y les prometí que conseguirían serlo, que no se quedaría todo en un trozo de papel.
Han pasado los años, y yo ahora solo soy una anciana recordando su pasado y su vocación. Pero os alegrará saber que años atrás me crucé con un chico cerca del juzgado; era Samir y había conseguido ser abogado. Había hecho realidad su sueño.
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