Desear es peligroso.
Creo que no miento si digo que nadie ve peligro en desear a otra persona, sea quien sea, ya que se podría considerar como algo natural y directamente relacionado con el amor.
Pero se darán situaciones en las que veamos que sí que lo puede haber, y que puede incluso llegar a meterte en un buen lío, como le pasó a Cecilia.
Una chica de buena familia y de cierto renombre en la ciudad; enamorada en secreto de alguien que no le conviene.
Finales de Diciembre, la víspera de Navidad; la familia de Cecilia organiza una gran fiesta a la que acudirán miles de invitados.
Doce del mediodía: alguien llama a la puerta del dormitorio de Cecilia.
- ¿Sí?
- Señora, una carta para usted- dijo su criada.
- ¿De quién?- pregunta sorprendida.
- No pone remitente señora.
Esas palabras le sacaron a Cecilia una sonrisa algo pícara, quizá ella sí tenía una idea de quién podría ser.
- Gracias, puedes retirarte.
- Señora. - dijo la criada justo antes de cerrar la puerta.
Comenzó a leerla y conforme iba avanzando su gesto cambiaba; se le abrían cada vez más los ojos y se iluminaban con un brillo inusual. Además se empezaba a morder el labio con cierto deseo.
La nota era de su amante secreto; ese chico de clase baja que sabía que no le convenía, pero que solo por eso ya le gustaba más. En ella decía que había llegado a sus oídos la gran fiesta que sus padres darían por Navidad en su casa y que aun sabiendo que no estaba invitado y no podría entrar, haría todo lo posible por entrar y que la deseaba con todas sus fuerzas.
Ella, aun sabiendo el riesgo que corría, deseaba tanto que eso pasase como él.
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