La viuda del fantasma.

Lo que empezó como una relación bonita en la que todo era perfecto y en la que no faltaba el cariño y la pasión, se acabó envenenando y pudriendo poco a poco, hasta llegar a ser un matrimonio tóxico. 

Dominaban los celos, los gritos, las peleas, los forcejeos y apenas quedaba un resquicio de aquel amor. Era algo mutuo, ambos eran los que discutían; si bien un día empezaba uno, al siguiente era el otro, y así sucesivamente. 

Pero aquel 27 de Enero, todo cambió en la vida de ambos. Tuvieron una fuerte discusión, en la que él estaba golpeando sin parar a la chica; ella tenía que defenderse como pudiera así que no dudó un segundo. Estaban en la cocina, y lo único que tenía a mano eran utensilios de cocina; Sara cogió sin dudar una sartén y golpeó en la cabeza a Martín, el cuál cayó de bruces al suelo dándose contra la encimera. Sara se quedó paralizada al ver que Martín no tenía pulso y que había perdido mucha sangre. Tras unos minutos en shock, decidió llamar a una ambulancia, aun sin saber si la culparían  de la muerte. 

Tras unos años de juicios, Sara quedó impune y no fue acusada de asesinato, a pesar de que la muerte de Martín siempre le estaría acechando. Y nunca mejor dicho, ya que en realidad Martín nunca se había ido. 

Todos los días sucedían cosas extrañas en casa; Sara pensaba que se había vuelto loca y que todo lo ocurrido le estaba jugando una mala pasada. Escuchaba golpes, e incluso a veces los sentía en su cuerpo; oía voces, y no cualquier voz, sino la de Martín. 

Todo parecían recreaciones de las discusiones que tenían cuando Martín aun vivía; Sara no sabía que éste se había quedado allí, sin forma física, pero ahí y que se había convertido, por tanto, en la viuda de un fantasma, que pagaría siempre por lo que hizo. 

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