Cuando los recuerdos dejan de ser secretos.

 Jamás olvidaré el día que me enteré que estaba embarazada. Sentí una mezcla de nervios y angustia ya que, no solo era algo nuevo para mi, sino que además descubrí que no era de mi actual pareja, sino de la anterior. 


Me encontraba en un bucle de pensamientos negativos, sin saber si debía decírselo a mi novio (tu abuelo) o no, cómo reaccionaría...etc. Seguí ocultándoselo hasta que ya era algo obvio porque la barriga, por ejemplo, empezaba a crecer. 

Recuerdo que aproveché una día que salimos a cenar fuera para contárselo todo. Bueno, esa era mi idea, pero él se adelantó.
 - Cariño, ¿qué te pasa? - me preguntó.
 - ¿Por qué? - le pregunté mostrando algo de ignorancia.
 - Pues porque llevas un tiempo extraña, comes menos, otras veces más...y además tu barriga...no está como siempre- dijo.
 - Verás... - dudé unos minutos - estoy embarazada.
 - ¿Qué? Pero...pero si no es posible... - dijo en un mar de dudas.
 - Lo sé, no es posible...porque no es tuyo.

Se hizo el silencio durante varios minutos, hasta que decidí romper el hielo y contarle la verdad. Esperaba una niña que no era suya, sino de mi anterior pareja, con la cual había cortado hace un par de meses.

Se quedó atónito, pero al final demostró que era el hombre que merecía a mi lado. Me dijo que no le importaba, y que esa niña sería nuestra. Que él se ocuparía de ella como si fuese su hija.

- Pero abuela, entonces, eso significa... - me interrumpió Sara, mi nieta.
- Sí querida, significa que tu madre no es hija del abuelo, sino de otro hombre que ni tú ni ella conocéis... - le contesté.
- ¿No se lo dirás nunca? - me preguntó.
- Ella creció feliz así, y así seguirá. ¿Prometes no contarlo?
- Lo prometo abuela.

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