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Si no das, no pidas.

En los últimos meses todo había cambiado entre ellos. La forma de hablarse, de mirarse, de tratarse...todo. Eso sí, de forma distinta. Ella había cambiado para bien mientras que él a peor, mucho peor, hasta tal punto que era irreconocible. Aun así, trataban de resolverlo. A veces parecía que iba bien, que quizá recuperarían lo que habían perdido, hasta que se estropeaba. siempre había algo que lo jodía todo y entonces, tenían que volver a empezar. Y eso hacían, empezar y empezar una y otra vez, como una canción en modo repetición. Casi todas las veces que la situación se estropeaba era por él y su falta de ímpetu. Ella creía creer, o más bien, quería creer que ponía todo de su parte, que a pesar de todo el cariño y amor seguía ahí y por tanto volvería. Al menos eso le hacía creer.  Sin embargo había veces que ya no soportaba más los desplantes ni su indecisión, ya que unas veces le decía que si, que quería volver a empezar de 0 y con buena letra, y otras todo lo contra...

O todo o nada.

Era de las que se la jugaban a todo o nada, y esto era aplicable a todo ámbito. En muchos de los casos en los que lo hacía no le importaba perder, de hecho, le encantaba. Sabía que perdiendo iba a aprender, aunque para ello tuviese que jugársela más de una vez y perder una y otra. Pero, a pesar de tener ese carácter, luchador, también le gustaba ver que los demás lo hicieran y con ello conseguir metas. al igual que le gustaba que se la jugasen por ella, pero a todo o nada, como ella decía. Lo que significaba que si la otra persona tenía que perder algo o pudiese perder algo, que se arriesgara si por su persona se trataba. Simplemente, porque no le gustaban "las cosas a medias".

Lo mejor.

Siempre se ponía en lo peor, era como su pequeña gran manía. Decía que prefería pensar así antes que llevarse la sorpresa. Su vida no había sido fácil. Una y otra vez le acechaban los problemas, como si fuese un imán de negatividad. Y casi, porque pocas veces se topaba con algo de suerte. Y cuando parecía que ésta le sonreía, poco duraba. Por eso, decidió cambiar de mentalidad, ya que era de las personas más optimistas que había conocido. Y la verdad que fue una buena técnica; ahora todo lo que antes era malo, era lo contrario. Gracias a esa decisión su vida cambió a mejor.  Lo mejor había sido ponerse en lo peor. 

Une folie à deux.

Cada vez que se juntaban eran como dos niños, o más bien dos adultos que al juntarse conseguían volver a la infancia, y olvidar que eso ya pasó una vez y nunca más se volvería a repetir. El tiempo es algo que nunca vuelve una vez pasado.  Hacían esas cosas que solo los niños son capaces de conseguir, disfrutar de la vida sin preocupaciones; podía estar pasando cualquier cosa a su alrededor que ellos no se entrarían. Conseguían aislarse, como desplazarse a un mundo completamente distinto en el que solo estaban ellos, y en el que no necesitaban nada más que sus risas. Era como un mundo en el que vivían una constante aventura, como aquellas historias en la que hay que escapar de un monstruo o algo parecido. Y bueno, para qué hablar de las miradas...si cada vez que se miraban se perdían en un abismo. Eran de esos que se miraban y se empezaban a reír, como habiendo dicho mucho sin pronunciar una palabra. Era una locura de dos.  Parecían justo lo que no eran pero que ...

Amantes eternos.

Pasaban las horas hablando, de cualquier cosa, aunque en verdad nunca hubo confianza. Se veían, normalmente a deshoras, cuando nadie los podía ver, cuando caía la noche y todo estaba tan oscuro que nada se distinguía bien; era la hora perfecta. Había algo entre ellos. A veces les daba por llamarlo amor, pero ambos sabían que eso solo era una mentira dentro de las más grande. Amor era lo que "sentían" por la otra persona, porque había otra, y esa era la pareja de ambos.  Los dos tenían su pareja estable y los dos presumían de estar en el mejor momento. Pero también sabían que si todo se descubría nada quedaría; perderían a su pareja y también se perderían el uno al otro, simplemente por haber causado las rupturas con su juego. Lo que más les gustaba era que todo fuese un secreto, el mantenerse ocultos y saber que algún día todo sería descubierto. Que eran amantes eternos y encontrarse era su karma.  

Cárcel de oro.

Tenía la vida más envidiable, a la vez que cómoda, que todo el mundo desearía tener. No le faltaba nada, debido al buen nombre y posición de su familia; poseía el dinero que quería, se podía costear los trajes más caros, tener todo lujo de cuidados, los cuáles mucha gente no puede costearse, tenía muchísimas joyas. Además, en su lujosa casa, también había servicio: criadas, cocinera y hasta mayordomo. Pero sí que, detrás de tanto lujo y posesión, le faltaba algo y quizá lo más importante, amor. Su madre murió cuando aún era una niña así que vivía sola con su padre. Echaba mucho de menos el cariño de su madre, pues la relación que tenía con su padre no era de las mejores. Se pasaban el día y la noche discutiendo, en la mayoría de los casos por cuestiones de honor de la clase alta. Su padre era muy fiel a esos pensamientos, ella sin embargo quería sentirse libre de esos pensamientos. Otro de los temas por los que solían acabar discutiendo era que su padre estaba empeñado en que ...

Acércate.

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Decidieron darse un tiempo. Debido a la mala racha que estaban pasando, pensaron que quizá ese tiempo les ayudaría a atravesar esa racha y a solucionarlo todo para así poder volver a estar como antes. Lo que no sabían era que la mejor solución era hablar y no tratar de dejar pasar el tiempo sin verse ni pronunciarse una palabra. Todo lo contrario, habían agravado la situación.  Intentaron vivir cada uno su vida por separado, pero se les hizo algo imposible ya que el tiempo que habían compartido no había sido poco.  Él se pasaba el día encerrado en casa con la música a tope, pero ni la música lograba hacer que dejara de pensar en ella. Viendo que no servía de nada, pasó a un plan B, salir y distraerse con sus amigos, pero ni con esas lograba quitársela de la cabeza, para cuando se quería dar cuenta se había quedado embobado pensando. Por las noches no paraba de mirar su última conexión, las últimas conversaciones, las fotos...Y así hasta que lograba quedarse d...