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El secreto mejor guardado.

La verdad es que no estaba pasando por un buen momento. Su madre estaba ingresada en el hospital, grave y su padre apenas estaba en casa por el trabajo. Y bueno, los estudios tampoco es que le fueran muy bien, últimamente suspendía todos los exámenes, estaba distraído en clase, y no hacía la tarea. -Como sigas con esta actitud no conseguirás pasar de curso- le dijo un día su profesor. Él se limitó a mirarlo, y se fue, ni siquiera tenía fuerzas para contestarle. Llegó a casa, tiró la mochila y después de un buen rato sentado en la cama, pensando, fue corriendo al hospital a ver a su madre. Pero no le gustó lo que vio.  Su madre había empeorado, justo en ese momento la enfermera estaba a su lado administrándole calmantes para el dolor. Su madre le dirigió una débil mirada y a él se le partió el corazón; sabía que era cuestión de tiempo que llegara el final. Se quedó un rato en el pasillo, y salió el doctor. Éste le dijo que su madre estaba mucho peor y que era cu...

Volver a nacer.

Estaban las dos tranquilamente en el comedor, haciendo lo que más les gustaba cuando estaban juntas, merendar; un chocolate caliente y las galletas favoritas de Nerea.  Después de un largo rato de silencio, en el que solo se escuchaba el sonido de la lluvia caer, Nerea decidió romperlo. - Abuela, algunas veces he oído la expresión "He vuelto a nacer", pero nunca he sabido muy bien qué quiere decir. ¿Tú lo sabes? + Pues es muy fácil de explicar. Yo misma puedo decirte que una vez volví a nacer. - Pero, si solo nacemos una vez, ¿cómo vas a nacer una segunda vez? + Es solo una expresión, pero una expresión con mucho significado, ya que se refiere a algo que te hace sentir extremadamente bien.  Tras darle un sorbo al chocolate, la abuela prosiguió. + ¿Sabes, Nerea? Cuando era joven, y tu madre era muy jovencita, más o menos de tu misma edad, me puse muy enferma. - ¿De verdad? ¿Qué te pasó abuelita? - le preguntó la niña mientras la miraba entusias...

La semilla de la duda.

Siempre con la mirada perdida, pero no con la mente en blanco, sino llena de preguntas. Era un "Mirando a la nada, pensando en todo". Porque sí, su mente estaba llena de dudas, de preguntas sin respuesta, o más bien, de preguntas a las cuales no le encontraba respuesta. Y no porque no lo intentara, sino porque su cabeza estaba inundada de "por qués" pero no de "porque". Su mente era un laberinto. Hilos de respuestas a posibles preguntas, pero todas entrelazadas. Hasta que se dio cuenta de dónde estaba el problema, la semilla de todas las dudas que le rondaban la cabeza.  En el miedo.  Miedo a esto, miedo a lo otro...pero sobre todos los miedos estaba el miedo a obtener la respuesta que no quería escuchar y que, sin embargo, sabía que era la correcta.

Oraciones al mar.

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Allí, frente al mar, era donde mejor se encontraba. Fuera de lugar pero a la vez se encontraba a sí misma.  Cada vez que algo no iba bien, que las cosas se retorcían, que quería pensar o simplemente relajarse durante un rato, iba allí. Pero lo que más le gustaba era ir cuando no había nadie, cuando podía sentir la brisa tan cerca como si ésta le estuviera abrazando; el mar y ella. Además, de pasar las horas muertas allí, había adquirido un "hobby", escribir. Cuando se sentaba frente al mar, no podía evitar sentirse inspirada por éste; mirar el horizonte, pensar y acabar plasmándolo todo en frases o pequeños textos. Claro que, en cierto modo, no era solo un "hobby"; su abuela solía llevarla a ese mismo rincón cuando era una niña. A diferencia de ella, su abuela se sentaba a su lado, y tras unos minutos en silencio, contemplando, empezaba a contarle pequeñas historias.  Le encantaba escucharla. Otras veces incluso cantaba, canciones u oraciones que so...

Señales de vida.

Desde que entró allí todo le parecía un poco distinto, incluso, por qué no decirlo, extraño.  A sus 26 años, después de unos meses con su puesto de trabajo fijo, decidió valerse por sí mismo así que se independizó. Vio un anuncio de una pequeña casa a las afueras, en alquiler; el precio le pareció bastante razonable y, por las fotos, la casa parecía muy acogedora. Otra cosa es la realidad. Cuando la casera le acogió, una mujer mayor pero muy entrañable, le comenzó a enseñar la casa. Habitación por habitación, hasta que llegó al dormitorio.  - Este era el dormitorio de mi nieto. ¿Sabes? Me recuerdas mucho a él. +¿Y como es que su nieto no está viviendo aquí? - Bueno, cuando era pequeño murió. Nunca supimos la razón, pero sí que había sido una gran pérdida. +Vaya...lo siento mucho, señora. - No te preocupes, ya hace mucho tiempo de aquello. El chico se quedó un poco extrañado tras esta conversación. + Pero, entonces...¿cómo es que le recuerdo a él? ¿Qué edad tenía...

Ilusiones que mueren.

No era como el resto de las veces, es decir, las demás ocasiones se sentía de otra forma. Su corazón solía latir con más fuerza de lo normal, como si se le fuera a salir del pecho; lo mejor era que sabía que esa sensación le encantaba, era como estar en una nube. El problema, porque siempre lo había, era que aparte de saber que eso le gustaba también sabía que se acababa y a veces más pronto de lo que esperaba. Ahora cada vez que debería sentirse así era todo lo contrario; simplemente no sentía. O quizá también era un mecanismo de defensa para hacerse creer que no sentía, lo cual sabía que no era del todo cierto. -¿Sabes? Me he dado cuenta de que ya no me pasa como antes, eso de ilusionarse con algo quiero decir. +Bueno, quizá antes lo hacías más rápido de la cuenta. -Sí, puede ser, pero ahora creo que ya es como algo definitivo. Hay ilusiones que acaban muriendo. +Pues solo te puedo decir una cosa, puede que como tú dices haya ilusiones que acaban desaparecien...

No estoy hecha para nadie.

Era una chica insegura, quizá demasiado. Además de reservada, ya que se lo guardaba todo para sí misma, hasta lo más simple, lo que no dudaría en contarle a alguien de confianza. Hasta que un día encontró a la persona adecuada con la que hablar de todo aquello, y más cerca de lo que nunca habría imaginado, en su propia casa.  Una vez se estaba probando unos vestidos en el espejo de su habitación y empezó a preguntarse (en voz alta) por qué aún no había encontrado a su "príncipe azul". De pronto, algo detrás de ella empezó a brillar, una pequeña luz, que dio lugar a una pequeña persona, un hada. La chica, al ver el reflejo en el espejo, se giró bruscamente y se quedó un rato contemplando la figura. Entonces el hada habló: -Pequeña, parece que has visto un fantasma. Al cabo de un rato, la chica fue capaz de articular palabra: +¿Acaso no lo eres? -A cualquier cosa se le llama hoy en día fantasma. Pero no, no lo soy. Soy el hada que habita en tu dormitori...