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Ángel.

No fue hasta que te perdí que me di cuenta de lo mucho que me importabas. Aunque también es verdad, que en cierto modo, eso nos pasa a todos. Porque solo nos atrevemos a decir lo que sentimos cuando todo está perdido. Cometemos el error de creer que todo es eterno, y estará ahí para siempre y es por eso que cuando lo perdemos duele tanto curarse.  Yo te perdí a ti, abuelo. Y no sabes lo mucho que me arrepiento de no haber aprovechado más cada momento contigo. Sé que ya han pasado muchos años desde aquel fatídico día, pero nunca deja de doler. Y es que fue tan repentino, que no se termina de asimilar. No me puedo quejar de infancia a tu lado, ya que casi pasaba más tiempo contigo y la abuela que en casa. Sobretodo en verano. Me molestaba levantarme temprano porque mi madre trabajaba pero se me pasaba al saber que iba allí con vosotros. Esas mañanas en las que iba primero a comprar con la abuela, y al llegar, ya tarde, tú te levantabas (porque en verdad eras un dormilón)...

Y tú, ¿en qué estas pensando?

Sin darnos cuenta, nos pasamos el día pensando, así, sin más. Desde que nos despertamos hasta que volvemos a dormirnos, e incluso ahí, en los sueños, lo hacemos.  Pensamos en futuro, en qué pasará cuando acabemos una etapa y toque empezar una nueva, en si seguiremos junto a las mismas personas, en las decisiones que vamos a tomar y las consecuencias que éstas puedan tener, en dónde estaremos dentro de x tiempo y con quién, en si los sueños que teníamos en un pasado se cumplirán.  Pensamos en pasado, en las decisiones que una vez tomamos, arrepintiéndonos o alegrándonos por ellas, en las personas con las que compartíamos nuestros mejores o peores momentos y que ahora no están, en nuestro prime amor y el primer beso, en la infancia y la inocencia con la que veíamos el mundo, en las ganas que teníamos te comernos el mundo. Pero, ¿y ahora? Pensamos, le damos vueltas a la cabeza, pero no sobre lo que nos atañe ahora. Pensamos en presente, pero como una forma verbal. No pen...

Aventuras en el mar.

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Le encantaba el mar desde pequeño, algo que al parecer venía de familia. Su abuelo se lo enseñó por primera vez con 3 años; daban paseos por la playa, iban al puerto y le contaba historias de piratas con las que él después llegaba a soñar. Creando historias en las que él era el propio capitán de un barco, el protagonista. 3 años después, cuando cumplió los 6 su abuelo se fue y él se escapaba de casa y se iba a la playa, sin que sus padres lo vieran. Pero un día sus padres salieron en su busca y no les costó mucho encontrarlo,allí estaba, sentado junto a la orilla del mar.  + Hijo, ¿qué haces aquí? - Preguntó su padre mientras se sentaba a su lado.   - Recordar las historias que el abuelo me contaba.  Pasó un rato en el que los dos permanecieron en silencio hasta que Hugo habló: - Papá, ¿crees que algún día seré como tú y el abuelo? Tanto su padre como su abuelo eran marineros, de ahí que su abuelo le contara tantas historias con respecto al mar...

El marido ausente.

Casi tres años casados de los cuales dos ni siquiera los podría considerar como "años de matrimonio". De recién casados todo era perfecto, pero al poco tiempo la cosa empezó a cambiar, o más bien él.  Cada uno tenía su trabajo, ella turno de tarde y él de mañana, desde bien temprano. Total, eso ya hacía que no tuvieran tiempo apenas para estar juntos, sólo por la noche; momento que aprovechaban para cenar juntos y y ver alguna película, o simplemente charlar sobre cómo había ido el día. Pero de pronto un día, su marido le dijo que tenía una cena de empresa, lo cual le extrañó un poco ya que no era ninguna fecha importante pero decidió no darle más vueltas. Sin embargo, pasaban los días y empezó a distanciarse de ella; le rechazaba los besos, los abrazos...e incluso a veces llegaba a contestarle mal. Al final tuvo que darle más importancia, ya que la situación se repetía una vez tras otra:   - ¿Te pasa algo?    + ¿Por qué lo dices?   -Por t...

El secreto mejor guardado.

La verdad es que no estaba pasando por un buen momento. Su madre estaba ingresada en el hospital, grave y su padre apenas estaba en casa por el trabajo. Y bueno, los estudios tampoco es que le fueran muy bien, últimamente suspendía todos los exámenes, estaba distraído en clase, y no hacía la tarea. -Como sigas con esta actitud no conseguirás pasar de curso- le dijo un día su profesor. Él se limitó a mirarlo, y se fue, ni siquiera tenía fuerzas para contestarle. Llegó a casa, tiró la mochila y después de un buen rato sentado en la cama, pensando, fue corriendo al hospital a ver a su madre. Pero no le gustó lo que vio.  Su madre había empeorado, justo en ese momento la enfermera estaba a su lado administrándole calmantes para el dolor. Su madre le dirigió una débil mirada y a él se le partió el corazón; sabía que era cuestión de tiempo que llegara el final. Se quedó un rato en el pasillo, y salió el doctor. Éste le dijo que su madre estaba mucho peor y que era cu...

Volver a nacer.

Estaban las dos tranquilamente en el comedor, haciendo lo que más les gustaba cuando estaban juntas, merendar; un chocolate caliente y las galletas favoritas de Nerea.  Después de un largo rato de silencio, en el que solo se escuchaba el sonido de la lluvia caer, Nerea decidió romperlo. - Abuela, algunas veces he oído la expresión "He vuelto a nacer", pero nunca he sabido muy bien qué quiere decir. ¿Tú lo sabes? + Pues es muy fácil de explicar. Yo misma puedo decirte que una vez volví a nacer. - Pero, si solo nacemos una vez, ¿cómo vas a nacer una segunda vez? + Es solo una expresión, pero una expresión con mucho significado, ya que se refiere a algo que te hace sentir extremadamente bien.  Tras darle un sorbo al chocolate, la abuela prosiguió. + ¿Sabes, Nerea? Cuando era joven, y tu madre era muy jovencita, más o menos de tu misma edad, me puse muy enferma. - ¿De verdad? ¿Qué te pasó abuelita? - le preguntó la niña mientras la miraba entusias...

La semilla de la duda.

Siempre con la mirada perdida, pero no con la mente en blanco, sino llena de preguntas. Era un "Mirando a la nada, pensando en todo". Porque sí, su mente estaba llena de dudas, de preguntas sin respuesta, o más bien, de preguntas a las cuales no le encontraba respuesta. Y no porque no lo intentara, sino porque su cabeza estaba inundada de "por qués" pero no de "porque". Su mente era un laberinto. Hilos de respuestas a posibles preguntas, pero todas entrelazadas. Hasta que se dio cuenta de dónde estaba el problema, la semilla de todas las dudas que le rondaban la cabeza.  En el miedo.  Miedo a esto, miedo a lo otro...pero sobre todos los miedos estaba el miedo a obtener la respuesta que no quería escuchar y que, sin embargo, sabía que era la correcta.