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Coincidir

 Hay veces, muchas veces, que se coincide con alguien en sitios, en ciertos momentos...etc.  Puedes coincidir con alguien en mitad de un paseo y acabar tomando un café juntos en la cafetería de la esquina. Puedes coincidir con alguien en una red social, comenzar a interactuar y acabar siendo grandes amigos. Puedes coincidir con alguien en una clase o en un trabajo y convertiros en almas gemelas. Pero, ¿coincidir con una persona y que acabe siendo quien te acompañe el resto de tu vida? Pocas veces ocurre. Y qué suerte quien coincide de esa manera, porque la casualidad, la coincidencia y el amor real, muchas veces, van juntos, formando un lazo irrompible. 

La noche que nos conocimos.

La noche que nos conocimos era fría y oscura. Quizá llovía o quizá no, no lo recuerdo bien; lo que sí recuerdo bien es que aquella noche me acosté con una gran sonrisa que ya presagiaba algo bueno.  La noche que nos conocimos en verdad ya nos conocíamos, aunque solo un poco. Ya sabíamos nuestros nombres y alguna que otra cosa sin importancia, puesto que salíamos juntos en el mismo grupo de amigos. La noche que nos conocimos, en realidad, fue la noche que nos hicimos verdaderamente amigos; tuvimos la oportunidad de "hacer migas" y, después de horas hablando, comenzamos a conocer detalles el uno del otro que desconocíamos.  Lo cierto es que teníamos mucho en común y la conexión era total. La noche que nos conocimos, fue la noche en que le frío pasó a calor y se encendió una llama entre los dos que sigue encendida a día de hoy.

Las voces de los muertos.

No sabía cómo ni por qué estaba allí, delante de millones de tumbas decoradas por racimos de flores, en mitad de una noche oscura en la que la luna apenas alumbraba por culpa de las nubes. Quizá fue un impulso lo que le hizo ir hasta allí, la necesidad que tenemos en ocasiones de volver a escuchar la voz de alguien que ya no está entre nosotros. Tras varios paseos rodeada de nombres desconocidos, de los seres queridos de moles de personas, allí estaban; el motivo por el que esa noche decidió visitar el cementerio. Sus abuelos, los dos enterrados el uno junto al otro, unidos como lo habían estado toda su vida. Necesitaba estar con ellos, hablarles...Sabía que era inútil porque no la iban a escuchar, pero permaneció allí de pie delante de ellos durante unos minutos. Pensó que se estaba volviendo loca, pero le pareció oír la voz de su abuela, diciéndole lo que tanto necesitaba: Lo estás haciendo genial, sigue así porque vales mucho. No dejes que na...

Desear es peligroso.

Creo que no miento si digo que nadie ve peligro en desear a otra persona, sea quien sea, ya que se podría considerar como algo natural y directamente relacionado con el amor. Pero se darán situaciones en las que veamos que sí que lo puede haber, y que puede incluso llegar a meterte en un buen lío, como le pasó a Cecilia. Una chica de buena familia y de cierto renombre en la ciudad; enamorada en secreto de alguien que no le conviene.  Finales de Diciembre, la víspera de Navidad; la familia de Cecilia organiza una gran fiesta a la que acudirán miles de invitados. Doce del mediodía: alguien llama a la puerta del dormitorio de Cecilia.    - ¿Sí?  - Señora, una carta para usted- dijo su criada.  - ¿De quién?- pregunta sorprendida.  - No pone remitente señora. Esas palabras le sacaron a Cecilia una sonrisa algo pícara, quizá ella sí tenía una idea de quién podría ser.   - Gracias, puedes retirarte.  - Señora. - ...

La viuda del fantasma.

Lo que empezó como una relación bonita en la que todo era perfecto y en la que no faltaba el cariño y la pasión, se acabó envenenando y pudriendo poco a poco, hasta llegar a ser un matrimonio tóxico.  Dominaban los celos, los gritos, las peleas, los forcejeos y apenas quedaba un resquicio de aquel amor. Era algo mutuo, ambos eran los que discutían; si bien un día empezaba uno, al siguiente era el otro, y así sucesivamente.  Pero aquel 27 de Enero, todo cambió en la vida de ambos. Tuvieron una fuerte discusión, en la que él estaba golpeando sin parar a la chica; ella tenía que defenderse como pudiera así que no dudó un segundo. Estaban en la cocina, y lo único que tenía a mano eran utensilios de cocina; Sara cogió sin dudar una sartén y golpeó en la cabeza a Martín, el cuál cayó de bruces al suelo dándose contra la encimera. Sara se quedó paralizada al ver que Martín no tenía pulso y que había perdido mucha sangre. Tras unos minutos en shock , decidió llamar ...

Lo que todo el mundo sabía.

Llevaban ya unos meses de relación y todo era tan genial que se imaginaban un futuro juntos. A pesar de que todo empezó un poco mal y de la forma más extraña posible.. Él deseando tenerla y ella negada a todo tipo de relación. Se conocieron un día en el que cada uno quedó con su grupo de amigos pero que por circunstancias de la vida, y por ciertos amigos en común, coincidieron. Ese día ya tuvieron la primera toma de contacto; unas cuantas miradas y después charlaron durante un tiempo. Se dieron los respectivos números de teléfono, lo que ya indicaba algo bueno.  Sin embargo, cada uno llevaba un ritmo diferente respecto a los sentimientos; después de un mes o así hablando y viéndose, él comenzó a decirle lo que sentía. Le gustaba todo de ella y le gustaría empezar una relación con ella. Ella en cambio se negaba al amor, aunque también decía cosas muy buenas sobre él y estaba siendo advertida por sus amigos de que al final acabarían juntos.  Siguió pasando el tiempo...

La realidad oscura.

Lidia pertenecía a uno de los linajes más ricos de la ciudad. Sus padres provenían de una familia adinerada desde varias generaciones atrás; ellos precisamente tenían el rango de duques, por lo que a ella le pertenecía el de princesa.  Ya era mayor de edad, y desde muy pequeña la habían criado y enseñado a comportarse como lo que es, un miembro de la realeza. Siempre buenas formas, buena educación y una imagen impecable, aunque siempre demostró que no era igual que el resto de princesas. Cuando cumplió dieciocho años, parecía un poco más revolucionaria; muchas veces no estaba de acuerdo con las opiniones del resto de su familia e incluso contestaba dando su opinión al respecto (algo que tenía casi que prohibido hacer); se negaba a vestirse y peinarse como le ordenaban y rechistaba cada vez que salía porque su criada debía acompañarla en todo momento.  Llegó su veinticuatro cumpleaños, y prepararon un gran ágape en el palacio. Invitaron a miles de personas, entre famil...