Entradas

Perseverancia.

Érase  una vez una niña que se pasaba las tardes leyendo cuentos e historias increíbles. Sus padres preferían que jugase y no creyese todo lo que leía, pero Laia no les hacía caso. Se imaginaba siendo la protagonista de esas historias y soñaba con esos mundos imaginarios, llegando incluso a recrearlos en la vida real. Sus padres pensaban que acabaría loca y decidieron dejar de comprarle libros, pero esto solo empeoró la situación. Ahora Laia pasaba más tiempo sola y refugiada en su dormitorio, releyendo los cuentos que aún poseía.  Conforme pasaban los años y Laia se hacía mayor, su sueño de ser la protagonista cambió al de ser la creadora de sus propios mundos e historias. Como pasaba mucho tiempo sola, casi siempre se encontraba escribiendo pequeñas ideas que nunca llegaban a nada. Hasta que un día dio con una comunidad virtual que compartía pequeños relatos. Poco a poco, fue publicando sus relatos y breves historias ahí, hasta que un día, al no ver resultados, dijo: "Basta,...

Las mejores falsas críticas.

  Tras años de práctica, de composición, de noches sin dormir pensando dónde ubicar cada nota en el pentagrama, conseguí lo que tanto había soñado, componer mi propia obra. Se trataba de un solo de clarinete que había conseguido la aprobación de muchos músicos importantes para ser expuesta en concierto. El día había llegado, iba a estrenar mi obra el día de Santa Cecilia. Estaba muy nerviosa, sólo porque estaba lleno de gente esperando para escucharlo, sino porque además, en primera fila, estaban las personas más importantes dedicadas a la música del país.  Finalmente, el concierto terminó y acabé abrazada por los aplausos de la gente. Todo había ido genial y la composición había sido todo un éxito. Llegué a casa feliz por lo que había conseguido. Las críticas en persona y en periódicos eran de las mejores: "Una auténtica música", "Una nueva obra maestra", "Una obra maestra para los oídos". Sin embargo,al día siguiente su felicidad se vio interrumpida cuan...

Un lugar con encanto.

Hoy hacía tres años que conocí a Pablo. Aún lo recuerdo como si hubiese sido ayer, allí, en mi librería favorita, donde él trabajaba de sustituto. Me contó que venía de una familia de libreros, y que era un apasionado de la literatura, al igual que yo, y que un día me enseñaría un lugar que, según él, me iba a encantar. Ese día era hoy. Para celebrar nuestro tercer aniversario, Pablo me invitó a cenar a su casa. Era una casa enorme con numerosas habitaciones, una cocina muy amplia y un jardín que al pisarlo parecía que entrabas en el mundo de Alicia en el País de las Maravillas. Tras enseñármela, entramos en el salón para la cena. - Miriam, ¿te acuerdas lo que te conté cuando nos conocimos? – hizo una pausa- Lo de aquel lugar que te quería enseñar. - Sí, ¿por qué? En vez de contestar, se levantó y se dirigió hacia la chimenea. Le seguí, ya que lo creí oportuno, y cuando me puse a su lado, todo algo por debajo de la chimenea y sonó un “click”. No sabía qué estaba pasando, cuan...

La incomprendida.

  Nueve de Enero, el cumpleaños de papá. como todos los años, es un día especial en el que nos juntamos con la abuela, mi hermana Julia y mi novio lucas. Además, este iba a ser incluso mejor porque estaba Tommy, mi sobrino de un añito.  A pesar de ello, podía estropear un día tan especial con algo que quería contarles. Había decidido que iba a dejar todos los estudios para dedicarme de lleno a la escritura. Mi gran pasión desde que tenía solo quince años.  Llegaron las seis de la tarde y ya estaba prácticamente todo preparado; decoración, algo de merienda y los regalos. Solo faltaban los invitados y la tarta. Entonces, al cabo de unos minutos, llegaron todos y comenzó la fiesta.  Todo estaba yendo fenomenal, todos reían y parecían disfrutar del momento, sobre todo  Tommy, que reía a carcajadas. Pensé que sería el momento perfecto, pero mi hermana se adelantó.    - ¡¿Alguien quiere tarta?! - preguntó. Todos respondieron al unísono y fui con ella y con m...

Shivers

  Sonó el teléfono y mi corazón comenzó a latir más rápido que nunca. Sabía lo que podía significar esa llamada. con los nervios a flor de piel, contesté, y, efectivamente, era lo que esperaba. Me habían llamado a filas, y tenía que irme al día siguiente.  Decidí que la tarde de antes debía dedicársela a Isabela, mi compañera de vida. Organicé un picnic en el parque más grande de la ciudad e incluso me atreví a preparar una merienda con algunos pasteles y tarta. Isabela iba a alucinar.  Pasé a recogerla a las seis; vivía cerca del parque, por lo que dejé preparado el picnic antes. Le tapé los ojos y nos fuimos. cuando llegamos allí, le destapé los ojos e Isabela quedó completamente alucinada.     - ¿Todo esto lo has hecho tú solo?    -  Sí. Seguía boquiabierta, era algo que siempre había querido hacer. sin embargo, al sentarnos su semblante cambió de repente, parecía preocupada. Llegaba el momento de contarle el por qué.     - ...

La cara B

  Mientras intentaba enhebrar la aguja con  el hilo que lograría el acabado perfecto del bajo del vestido, vi con el rabillo del ojo cómo uno de los demás concursantes se acercó al jurado. Me pareció extraño porque no nos dejan acercarnos a menos que sea una urgencia. Enhebré la aguja, por fin, y en un abrir y cerrar de ojos, ambos habían desaparecido.  Me quedé intranquilo, algo me olía a chamusquina. Debía averiguarlo, aunque eso supusiese perder tiempo de costura y perder la prueba. Dejé mi puesto y pregunté al jurado si podía ir al baño, fingiendo un intenso malestar. Lo conseguí; conseguí acceder a los entresijos del plató.  Tras varias vueltas buscando y evitando ser descubierto, vi a lo lejos a los dos. Estaban hablando con la productora, lo cual hizo saltar todas mis alarmas. El concurso estaba amañado, sin duda, y se encargarían de que él ganara.  Pensé que de nada me serviría protestar diciendo que lo sabía todo, sino que tenía que conseguir pruebas de...

Criaturas.

  Hoy teníamos como objetivo escalar una de las montañas más altas de la provincia. Tenía fama de ser muy complicada y escarpada, pero aun así nos aventuramos.  Cuando llegamos a las faldas de la montaña, quedamos impresionados por la altitud de ésta. Nos preparamos los arneses y comenzamos a escalar poco a poco, uno detrás de otro, por la empinada ladera. Llevábamos buen ritmo, quizá habíamos escalado la mitas de la ladera, cuando de pronto la temperatura comenzó a bajar.    - ¡Eh Carlos! ¡Mira a tu derecha! - dijo uno de mis compañeros.  Miré y las nubes estaban alcanzándonos, tan rápido que en cuestión de minutos nos engulleron y perdimos toda la visibilidad. Ahora no sabíamos dónde poníamos un pie o una mano.    - ¡Aquí hay una cueva! - divisé entre la neblina.   - ¡Paremos! - comentó un compañero. No sabíamos de la existencia de ninguna cueva en esta zona, nos quedamos charlando sobre qué hacer. Nos habíamos perdido.    -Bueno, segu...