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Un sueño.

Desde bien pequeñita, con tan sólo cinco años, ya sabía que el fútbol iba a formar parte de mi vida. Veía a mis primos jugar en el jardín y siempre me unía a ellos, aunque apenas fuera capaz de sostenerme en pie. ​Fui creciendo y ya en el colegio esa sensación se acrecentó. Siempre que tenía la oportunidad jugaba al fútbol con mis compañeros, en el recreo, en educación física y hasta en el parque al terminar los deberes. Las demás niñas de clase e incluso de otros cursos me insultaban y me decían "machorra", "marimacho", "el fútbol es para niños"... Etc. Pero yo no les hacía caso.  ​Cuando cumplí dieciocho años le dije a mis padres que quería dedicarme al fútbol, ser futbolista profesional, y llegar a estar entre los mejores del mundo. Ellos siempre me apoyaron y me dijeron que adelante, no si antes advertirme de que sería un camino duro.  ​Fueron años duros, de entrenamientos, de lesiones, de insultos, de rechazo... Pero estoy orgullosa de mi y de saber q...

La liberación de las almas.

La casa de mis abuelos, situada en medio del campo, es enorme y preciosa, con un jardín muy grande y habitaciones para invitados. Mi abuela me contó que antes tenía otros dueños y ella la compró cuando éstos murieron.  Todos los veranos me gusta ir allí con ella, y pasar unos días. Me cuenta historias de todo tipo mientras yo la miro y escucho embobada. algunas de las historias tienen que ver con los antiguos inquilinos, a los que ella se refiere como "las almas de la casa". Ella asegura que todas las noches escucha voces, o ruidos, e incluso ve objetos moverse; pero mis padres dicen que no haga caso ya que ella está ya muy mayor. Hasta que lo viví por mí misma. Una noche me quedé a dormir en una de las habitaciones y sentí miedo. Sentía que la oscuridad se apoderaba de la habitación y además fui testigo de todo lo que mi abuela me había contado. Escuchaba susurros e incluso algo caerse; al dar la luz una muñeca situada en la cómoda apareció en el suelo, lo cual no tenía sent...

Héroe.

  3 de Abril de 1939: Aún no me creo que haya sobrevivido a esta locura. Cuando llegué a casa y pude abrazar a Anne, mi querida Anne, pensé que era un sueño. Tras cuatro años luchando, día y noche, sin apenas descanso, había vuelto a mi anterior vida; sin embargo, los recuerdos de la guerra siempre vuelven a hacer acto de presencia. Los bombardeos, los aviones, los fusiles, compañeros gritando de dolor...son solo algunos de los recuerdos que se apoderaban de mí noche tras noche, pareciendo un simple zombi de la guerra. En fi, yo solo puedo agradecer el estar hoy escribiendo estas palabras, cosa que no todos podrán hacer, como mi gran amigo Pablo. Pablo se fue siendo un héroe, un hombre que luchó cuerpo a cuerpo contra unos soldados que intentaban atacar a unos pobres niños que por desgracia pasaban por mitad de las calles tiroteadas. Consiguió salvarlos a cambio de su vida, y eso es algo que me llena de orgullo a día de hoy.

Por la libertad.

  Amalia, Leire, Marta y Elena, cuatro mujeres jóvenes y de Bilbao, fueron acusadas hace 2 años de brujería y, por lo tanto, las llevaron presas a la cárcel de Archidona, Málaga. Todas fueron enviadas al módulo tres, reservado para mujeres acusadas de brujería, culpables de no ser cómplices de las normas impuestas por el gobierno. Las celdas debían ser compartidas por dos personas y tuvieron la suerte de ir juntas; Amalia y Elena por un lado y Leire y Marta por el otro. Además, las celdas que les tocaron eran consecutivas, es decir, una pegada a la otra, lo que les ayudó a levar a cabo su plan de huir de la prisión, a pesar de ser uno de los módulos más vigilados.  Cada una se asignó una tarea: Leire se haría con los utensilios para poder abrir el conducto del aire y cortar la verja exterior, Marta distraería a los guardias, Amalia se encargaría de vigilar cualquier movimiento junto con Leire, y Elena haría el trabajo sucio, ya que tenía más fuerza.  Ya por la noche, Elen...

Obsesión y avaricia.

Ocho y media de la tarde, sábado. Ya empezaba a anochecer y se podía ver el sol esconderse bajo las nubes rojizas. Fran  acababa de salir de casa y se dirigía a un local donde su amigo Luis lo esperaba. Al llegar al local, vio a Luis en la puerta; un hombre alto, moreno y vestido negro, quizá para destacar su gran rolex de oro. Se saludaron con un choque de manos y entraron dentro. Era un local en el que ya por fuera se notaba cierto secretismo y nadie sabía qué pasaba ahí dentro; se trataba de una casa de apuesta clandestina. Aquel día, al ser sábado, el ambiente estaba algo cargado; gente que debía conocerse entre ellos como para tener acceso al local. Fran estaba muy excitado ya que, a diferencia del resto de días, hoy veía más claro que ganaría mucho más dinero de lo habitual. Luis también era ludópata, pero Fran era un caso más extremo, ya que en ocasiones, al no conseguir lo que quería, la frustración se convertía en una ira incontrolable. Luis lo conocía muy bien y sabía que...

Corazón de hielo.

Eran las 8:30 de un lunes cualquiera. Elena se disponía a ir al trabajo pero sabía que no iba a ser un "lunes cualquiera", sino que hoy sería diferente. Una vez en el trabajo, esa oficina en la esquina de una de las calles más céntricas de Bilbao, Elena actuaba como siempre. En su mesa trabajaba tranquila, a veces alguna que otra charla con un compañero la distraía...hasta que vio a Ricardo. Ricardo no solo formaba parte de su equipo de trabajo, sino que tuvo un encuentro amoroso con él años atrás, el cual no acabó muy bien. Su relación era bastante mala y al ver que éste se acercaba a su mesa, Elena no puedo evitar poner malas caras e incluso tratarlo de forma despectiva. Lo que nadie sabía era lo que Elena tenía planeado.  Sobre las 13:30 del mediodía, Ricardo terminó su turno, y como de costumbre, salió dirección a su casa. Elena, se ausentó también de su puesto de trabajo minutos después y salió de la oficina. Vio a Ricardo avanzar por la call...

El parque.

Como cada día, al salir del instituto, Diego pasaba horas en el parque de al lado de su casa, justo hasta la hora de comer. Algunas veces coincidía con las mismas personas, e incluso ya se conocían, otros sin embargo parecía como si hubiera pasado un huracán y hubiera barrido todo rastro de personas. Aquel día estaba bastante nublado y el día parecía un poco triste, pero a pesar de ellos le gustaba quedarse contemplando la vida desde su banco. Había poca gente, entre ellos algunas parejas, gente paseando a sus perros y Lucía, una niña de unos 10 años. Era muy alegre y simpática, a la que le había cogido especial cariño ya que siempre le pedía jugar o le contaba aluna historia suya. Estaba justo a su padre y su perrito, y ella iba corriendo persiguiendo a su perro mientras reía.  Al cabo de unos minutos, su padre se acercó a ella y le dijo al oído, a lo que ella contestó con un movimiendo afirmativo de cabeza. Poco después, su padre se fue con el perro y Lucía se quedó sola jugando ...